martes, 18 de febrero de 2025

CEU - PEDIDO DE ORACIONES POR LA SALUD DEL PAPA

Los obispos del Uruguay invitamos a todas las comunidades a orar por la salud del Papa Francisco, uniéndonos a la oración de toda la Iglesia por su pronta recuperación. 

Lo encomendamos a la intercesión de la Virgen de los Treinta y Tres, patrona de nuestra patria, salud y consuelo de los enfermos.

+ Mons. Milton Tróccoli, obispo de Maldonado-Punta del Este-Minas, presidente de la CEU
+ Card. Daniel Sturla, arzobispo de Montevideo, vicepresidente de la CEU
+ Mons. Heriberto Bodeant, obispo de Canelones, secretario general de la CEU 

Palabra de Vida: Comprender el bien. Marcos 8,14-21.



Martes de la VI semana durante el año, 18 de febrero de 2025. 
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza y son una invitación a vivir cada día la Palabra de Dios, invitación que todos podemos recoger y realizar.

domingo, 16 de febrero de 2025

Misión San Francisco Javier 2024-2026 en Canelones

El equipo misionero que visita la Parroquia
San Antonio de Padua, Pueblo Nuevo, Las Piedras.

En febrero del año pasado comenzó el proyecto trienal de la Misión San Francisco Javier en la Diócesis de Canelones.

140 jóvenes de Uruguay y Argentina, vinculados a la Compañía de Jesús (ex alumnos de colegios, etc.) así como sacerdotes y formandos jesuitas realizan durante una semana esta misión distribuyéndose en parroquias y capillas del Decanato Piedras y también del Decanato Centro.

La totalidad de los misioneros estuvo presente en la Misa de inauguración de la Misión, celebrada el sábado pasado en la parroquia San Isidro de Las Piedras. Fue presidida por Mons. Heriberto y concelebrada por el párroco salesiano, el P. Andrés y los sacerdotes jesuitas que acompañan la misión.

Luego de la Misa, los jóvenes se distribuyeron en los diferentes centros de misión:

- En la capilla Santo Domingo, perteneciente a la parroquia San Isidro, en Las Piedras.
- En la parroquia San Antonio (Las Piedras) en la sede parroquial, en las capillas Virgen de los Treinta y Tres de El Colorado e Inmaculada Concepción de Rincón del Colorado.
- En la parroquia Nuestra Señora de la Paz (La Paz) en la sede parroquial
- En la parroquia San Antonio María Claret (Progreso) en la sede parroquial, en la capilla de Villa Felicidad y en la capilla San José
- En la parroquia San Adolfo, (18 de Mayo) en la sede parroquial
- En la parroquia Medalla Milagrosa (18 de Mayo) en la sede parroquial 
- En la parroquia de Sauce, en la capilla Nuestra Señora del Carmen de Cuchilla de Rocha.

El Obispo celebrará Misa en esta semana en algunos de esos centros, de acuerdo al siguiente programa:

Lunes 17. 19 horas. Parroquia Nuestra Señora de la Paz
Martes 18. 19 horas. Parroquia San Antonio María Claret
Miércoles 19. 19 horas. Capilla Nuestra Señora del Carmen, Cuchilla de Rocha (Sauce)
Viernes 21. 19 horas. Parroquia San Adolfo.
Domingo 23. 11:15. Parroquia San Isidro, Misa de acción de gracias y cierre de la Misión.

sábado, 15 de febrero de 2025

Hambrientos y satisfechos (Lucas 6,12-13.17.20-26). VI Domingo durante el año.

Hambrientos y satisfechos es uno de los contrastes que nos presenta el evangelio de este domingo. Nos encontramos hoy con una de las versiones de los dichos de Jesús conocidos como “las bienaventuranzas”, la que encontramos en el evangelio de Lucas. La otra versión la presenta el evangelio de Mateo, al inicio del discurso conocido como “sermón de la montaña”.

“Bienaventuranza” es una palabra castellana muy expresiva, pero cuyo uso fue quedando acotado a estos dichos de Jesús. En las traducciones del evangelio de otra época, estos dichos comienzan diciendo “bienaventurados los…” y ahí seguían distintas situaciones de personas “bienaventuradas”.

Una palabra bonita, porque en su significado está el bien que comienza a realizarse en el presente y se irá completando en el futuro. Una persona bienaventurada es alguien que está recibiendo en su vida el bien y ese bien se irá haciendo aún mayor. Un sinónimo de bienaventurado es “beato”, que es el título que la iglesia da a una persona de la que se ha llegado a la convicción de que está junto a Dios, como el beato Jacinto Vera o las beatas Dolores y Consuelo Aguiar. Un bienaventurado es alguien cuya vida está encaminada hacia la eternidad, hacia la vida eterna en la Casa del Padre.

La palabra con la que hoy se traduce “bienaventurado” es “feliz”. Tal vez pueda parecernos como algo menos… pero hablamos de la felicidad eterna, de la pertenencia al Reino de Dios desde ahora, desde esta vida y para siempre.

San Mateo nos presenta ocho bienaventuranzas. Lucas, en cambio, cuatro. Pero es aquí donde aparece el contraste, porque a esas cuatro bienaventuranzas, Lucas contrapone cuatro “ayes”, cuatro frases que comienzan con un “¡Ay de ustedes…!” Escuchemos ese pasaje del evangelio:

Jesús, fijando la mirada en sus discípulos, dijo:
    «¡Felices ustedes, los pobres, porque el Reino de Dios les pertenece!
    ¡Felices ustedes, los que ahora tienen hambre, porque serán saciados!
    ¡Felices ustedes, los que ahora lloran, porque reirán!
    ¡Felices ustedes, cuando los hombres los odien, los excluyan, los insulten y proscriban el nombre de ustedes, considerándolos infames a causa del Hijo del hombre!
    ¡Alégrense y llénense de gozo en ese día, porque la recompensa de ustedes será grande en el cielo! ¡De la misma manera los padres de ellos trataban a los profetas!
    Pero ¡ay de ustedes los ricos, porque ya tienen su consuelo!
    ¡Ay de ustedes, los que ahora están satisfechos, porque tendrán hambre!
    ¡Ay de ustedes, los que ahora ríen, porque conocerán la aflicción y las lágrimas!
    ¡Ay de ustedes cuando todos los elogien! ¡De la misma manera los padres de ellos trataban a los falsos profetas!»

Las ocho expresiones son fuertes, incisivas. Con ellas, Jesús nos abre los ojos y nos llama a revisar toda nuestra vida, a vernos con su mirada, no con la mirada del mundo. Los pobres, los hambrientos, los que lloran, los odiados y perseguidos no pueden ser considerados felices… No es que Jesús considere que esas situaciones están bien. La bienaventuranza, la felicidad, está en la promesa de Jesús: entrar en el Reino de Dios, ser saciados por Dios, reír y alegrarse por la recompensa en el Cielo. Mateo desarrolla más el sentido de las bienaventuranzas y las abre como un programa de vida para todo el que quiera seguir a Jesús.

Aquí, en el evangelio de Lucas, Jesús está mirando y hablando a sus discípulos, a los que él llamó después de una noche de oración. Ellos son pobres porque lo dejaron todo para seguir a Jesús. Recordemos lo que habían hecho Pedro y sus compañeros:

Ellos atracaron las barcas a la orilla y, abandonándolo todo, lo siguieron. (Lucas 5,11)

Y Leví, sentado junto a la mesa de la recaudación de impuestos:

Él, dejándolo todo, se levantó y lo siguió. (Lucas 5,28)

La renuncia a los bienes va siempre incluida en el llamado de Jesús:

«… cualquiera de ustedes que no renuncie a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo.» (Lucas 14,33)

No se trata de convertirse en mendigos. Los bienes de este mundo son preciosos, esenciales para la vida, pero deben mantenerse en su lugar. No pueden convertirse en un obstáculo insuperable para aquellos que quieren entrar en el Reino de Dios. Eso sucede cuando hacemos de la riqueza un ídolo, colocado en el centro de nuestra vida, en un lugar que solo corresponde a Dios. 

El desapego de los bienes, el desprendimiento, lleva a las privaciones. El hambre es la principal de todas ellas. El hambre de los discípulos expresa también una insatisfacción con lo que ofrece el mundo. La promesa de Jesús es “serán saciados”. Detrás de esa expresión misteriosa se esconde la acción de Dios.

Recordemos las palabras de Jesús:

El que viene a mí jamás tendrá hambre; el que cree en mí jamás tendrá sed. (Juan 6,35)

“Ustedes, los que ahora lloran”… El llanto, la lamentación de los discípulos viene de su dolor ante la presencia del mal en el mundo, ante el fracaso de sus acciones mejor intencionadas. Hay ejemplos de esas lamentaciones en el mismo Jesús.

La siembra del evangelio se hace muchas veces acompañada del llanto; pero ninguna tierra vale más que la que se ha regado con las propias lágrimas. La promesa de Jesús “ustedes reirán” es la de un gozo desbordante. Es como un eco del salmo 126:

Los que siembran entre lágrimas cosecharán entre cantares. (Salmo 126,5)

La última bienaventuranza, extensa, detallada, anuncia las persecuciones que sufrirán los discípulos. Pero eso confirmará que el discípulo está siguiendo al maestro, está tomando su cruz. Esa confirmación dará sentido a su sufrimiento y confianza en la recompensa final.

Los cuatro ayes que cierran este pasaje evangélico son como la contraposición a las bienaventuranzas, los contrastes de los que hablamos al principio: los ricos, los satisfechos, los que ahora ríen, los que son elogiados por los hombres… Todo lo opuesto a los bienaventurados. Quienes así viven no han puesto su confianza en Dios y son como el hombre que describe el profeta Jeremías en la primera lectura:

¡Maldito el hombre que confía en el hombre
y busca su apoyo en la carne,
mientras su corazón se aparta del Señor! (Jeremías 17,5)

Jesús no los maldice… Jesús se lamenta por ello y su lamentación es todavía un llamado de esperanza de un cambio.

El evangelio de hoy nos sacude y nos llama a reconocer lo que realmente nos enriquece y satisface y nos da una alegría verdadera. Aquello que realmente da sentido y plenitud a nuestras vidas. Estamos llamados a la felicidad, a ser bienaventurados. Esto lo alcanzaremos solo poniendo en el centro de nuestra vida el Reino de Dios que Jesús vino a inaugurar, a encarnar y a realizar en su persona misma, en su vida, en sus palabras y en sus obras.

Misión San Francisco Javier

En distintas zonas del decanato Piedras y decanato Centro se realiza esta semana la Misión San Francisco Javier, con jóvenes uruguayos y argentinos acompañados por sacerdotes jesuitas. El próximo domingo, a las 11:15, en la parroquia San Isidro, celebraremos la Misa de acción de gracias y cierre. 

Gracias, amigas y amigos por su atención. Que los bendiga Dios todopoderoso: Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Palabra de Vida: Multiplicar la Esperanza. Marcos 8,1-10.



Sábado de la V semana durante el año, 15 de febrero de 2025. 
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza y son una invitación a vivir cada día la Palabra de Dios, invitación que todos podemos recoger y realizar.

jueves, 13 de febrero de 2025

Palabra de Vida: Creer y perseverar. Marcos 7,24-30



Jueves de la V semana durante el año, 13 de febrero de 2025. 
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza y son una invitación a vivir cada día la Palabra de Dios, invitación que todos podemos recoger y realizar.

martes, 11 de febrero de 2025

Palabra de Vida: Cuidar la belleza de la creación. Génesis 1,20-2,4a.

Martes de la V semana durante el año, 11 de febrero de 2025. 

Nuestra Señora de Lourdes, XXXIII Jornada Mundial del Enfermo.

Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza y son una invitación a vivir cada día la Palabra de Dios, invitación que todos podemos recoger y realizar. 

11 de febrero, Ntra. Sra. de Lourdes, 33a. Jornada Mundial del Enfermo. Mensaje del Papa Francisco.

MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO CON OCASIÓN
DE LA XXXIII JORNADA MUNDIAL DEL ENFERMO

11 de febrero de 2025

«La esperanza no defrauda» (Rm 5,5) y nos hace fuertes en la tribulación


Queridos hermanos y hermanas:

Celebramos la XXXIII Jornada Mundial del Enfermo en el Año Jubilar 2025, en el que la Iglesia nos invita a hacernos “peregrinos de esperanza”. En esto nos acompaña la Palabra de Dios que, por medio de san Pablo, nos da un gran mensaje de aliento: «La esperanza no defrauda» (Rm 5,5), es más, nos hace fuertes en la tribulación.

Son expresiones consoladoras, pero que pueden suscitar algunos interrogantes, especialmente en los que sufren. Por ejemplo: ¿cómo permanecer fuertes, cuando sufrimos en carne propia enfermedades graves, invalidantes, que quizás requieren tratamientos cuyos costos van más allá de nuestras posibilidades? ¿Cómo hacerlo cuando, además de nuestro sufrimiento, vemos sufrir a quienes nos quieren y que, aun estando a nuestro lado, se sienten impotentes por no poder ayudarnos? En todas estas situaciones sentimos la necesidad de un apoyo superior a nosotros: necesitamos la ayuda de Dios, de su gracia, de su Providencia, de esa fuerza que es don de su Espíritu (cf. Catecismo de la Iglesia Católica, 1808).

Detengámonos pues un momento a reflexionar sobre la presencia de Dios que permanece cerca de quien sufre, en particular bajo tres aspectos que la caracterizan: el encuentro, el don y el compartir.

1. El encuentro. Jesús, cuando envió en misión a los setenta y dos discípulos (cf. Lc 10,1-9), los exhortó a decir a los enfermos: «El Reino de Dios está cerca de ustedes» (v. 9). Les pidió concretamente ayudarles a comprender que también la enfermedad, aun cuando sea dolorosa y difícil de entender, es una oportunidad de encuentro con el Señor. En el tiempo de la enfermedad, en efecto, si por una parte experimentamos toda nuestra fragilidad como criaturas —física, psicológica y espiritual—, por otra parte, sentimos la cercanía y la compasión de Dios, que en Jesús ha compartido nuestros sufrimientos. Él no nos abandona y muchas veces nos sorprende con el don de una determinación que nunca hubiéramos pensado tener, y que jamás hubiéramos hallado por nosotros mismos.

La enfermedad entonces se convierte en ocasión de un encuentro que nos transforma; en el hallazgo de una roca inquebrantable a la que podemos aferrarnos para afrontar las tempestades de la vida; una experiencia que, incluso en el sacrificio, nos vuelve más fuertes, porque nos hace más conscientes de que no estamos solos. Por eso se dice que el dolor lleva siempre consigo un misterio de salvación, porque hace experimentar el consuelo que viene de Dios de forma cercana y real, hasta «conocer la plenitud del Evangelio con todas sus promesas y su vida» (S. Juan Pablo II, Discurso a los jóvenes, Nueva Orleans, 12 septiembre 1987).

 2. Y esto nos conduce al segundo punto de reflexión: el don. Ciertamente, nunca como en el sufrimiento nos damos cuenta de que toda esperanza viene del Señor, y que por eso es, ante todo, un don que hemos de acoger y cultivar, permaneciendo “fieles a la fidelidad de Dios”, según la hermosa expresión de Madeleine Delbrêl (cf. La speranza è una luce nella notte, Ciudad del Vaticano 2024, Prefacio).

Por lo demás, sólo en la resurrección de Cristo nuestros destinos encuentran su lugar en el horizonte infinito de la eternidad. Sólo de su Pascua nos viene la certeza de que nada, «ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los principados, ni lo presente ni lo futuro, ni los poderes espirituales, ni lo alto ni lo profundo, ni ninguna otra criatura podrá separarnos jamás del amor de Dios» (Rm 8,38-39). Y de esta “gran esperanza” deriva cualquier otro rayo de luz que nos permite superar las pruebas y los obstáculos de la vida (cf. Benedicto XVI, Carta enc. Spe salvi, 27.31). No sólo eso, sino que el Resucitado también camina con nosotros, haciéndose nuestro compañero de viaje, como con los discípulos de Emaús (cf. Lc 24,13-53). Como ellos, también nosotros podemos compartir con Él nuestro desconcierto, nuestras preocupaciones y nuestras desilusiones, podemos escuchar su Palabra que nos ilumina y hace arder nuestro corazón, y nos permite reconocerlo presente en la fracción del Pan, vislumbrando en ese estar con nosotros, aun en los límites del presente, ese “más allá” que al acercarse nos devuelve valentía y confianza.   

3. Y llegamos así al tercer aspecto, el del compartir. Los lugares donde se sufre son a menudo lugares de intercambio, de enriquecimiento mutuo. ¡Cuántas veces, junto al lecho de un enfermo, se aprende a esperar! ¡Cuántas veces, estando cerca de quien sufre, se aprende a creer! ¡Cuántas veces, inclinándose ante el necesitado, se descubre el amor! Es decir, nos damos cuenta de que somos “ángeles” de esperanza, mensajeros de Dios, los unos para los otros, todos juntos: enfermos, médicos, enfermeros, familiares, amigos, sacerdotes, religiosos y religiosas; y allí donde estemos: en la familia, en los dispensarios, en las residencias de ancianos, en los hospitales y en las clínicas.

Y es importante saber descubrir la belleza y la magnitud de estos encuentros de gracia y aprender a escribirlos en el alma para no olvidarlos; conservar en el corazón la sonrisa amable de un agente sanitario, la mirada agradecida y confiada de un paciente, el rostro comprensivo y atento de un médico o de un voluntario, el semblante expectante e inquieto de un cónyuge, de un hijo, de un nieto o de un amigo entrañable. Son todas luces que atesorar pues, aun en la oscuridad de la prueba, no sólo dan fuerza, sino que enseñan el sabor verdadero de la vida, en el amor y la proximidad (cf. Lc 10,25-37).

Queridos enfermos, queridos hermanos y hermanas que asisten a los que sufren, en este Jubileo ustedes tienen más que nunca un rol especial. Su caminar juntos, en efecto, es un signo para todos, «un himno a la dignidad humana, un canto de esperanza» (Bula Spes non confundit, 11), cuya voz va mucho más allá de las habitaciones y las camas de los sanatorios donde se encuentren, estimulando y animando en la caridad “el concierto de toda la sociedad” (cf. ibíd.), en una armonía a veces difícil de realizar, pero precisamente por eso, muy dulce y fuerte, capaz de llevar luz y calor allí donde más se necesita.

Toda la Iglesia les está agradecida. También yo lo estoy y rezo por ustedes encomendándolos a María, Salud de los enfermos, por medio de las palabras con las que tantos hermanos y hermanas se han dirigido a ella en las dificultades:

Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios;
no deseches las súplicas que te dirigimos en nuestras necesidades,
antes bien, líbranos de todo peligro,
¡oh siempre Virgen, gloriosa y bendita!

Los bendigo, junto con sus familias y demás seres queridos, y les pido, por favor, que no se olviden de rezar por mí.

Roma, San Juan de Letrán, 14 de enero de 2025

                                                                                                 FRANCISCO

sábado, 8 de febrero de 2025

Palabra de Vida: Con Esperanza practicar toda clase de bien. Hebreos 13,15-17.20-21



Sábado de la IV semana durante el año, 8 de febrero de 2025. 
Santa Bakhita
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza y son una invitación a vivir cada día la Palabra de Dios, invitación que todos podemos recoger y realizar.

«Navega mar adentro, y echen las redes» (Lucas 5,1-11). V Domingo durante el año.

“Maestro, hemos trabajado la noche entera y no hemos sacado nada”, dijo Pedro a Jesús. Había sido una noche entera de sudor, de esfuerzo humano. La labor del pescador, que conoce su oficio: el mar, los peces, las redes, la barca… Una noche de esfuerzo inútil: no habían sacado nada.

«Navega mar adentro y echen las redes». (Lucas 5,4)

Esa es la palabra de Jesús. “Navega mar adentro”: “duc in altum”, la palabra que tanto inspiró a san Juan Pablo II frente al Gran Jubileo del año 2000.

“Navega mar adentro y echen las redes”. Una palabra que podría haber sido puesta en duda, podría haber sido discutida por Pedro, el pescador experimentado, pero también el que tantas veces mostró ser un cabeza dura. Pedro podría haber dicho “no, otra vez al mar, no… no vamos a sacar nada. Los peces no están allí. Ya estamos cansados”…

“Echen las redes”. La palabra de Jesús no es la de un pescador experimentado. Tampoco es la de quien da su opinión sin que se la pidan, quien aconseja porque “le parece”. No, en la palabra de Jesús hay algo diferente. Por eso Pedro no discute. Solo acota: 

«Maestro, hemos trabajado la noche entera y no hemos sacado nada, pero en tu palabra, echaré las redes» (Lucas 5,5)

Se produce la pesca. La reacción de Pedro es semejante a la de otros hombres que han sido llamados por Dios, de los que nos hablan las lecturas de hoy.

Isaías: 

«¡Ay de mí, estoy perdido!
Porque soy un hombre de labios impuros,
y habito en medio de un pueblo de labios impuros;
¡y mis ojos han visto al Rey, el Señor de los ejércitos!»  (Isaías 6,5)

Pablo:

«… soy como el fruto de un aborto. Porque yo soy el último de los Apóstoles, y ni siquiera merezco ser llamado Apóstol, ya que he perseguido a la Iglesia de Dios.» (1 Corintios 15,8-9)

Y así, Pedro:

«Aléjate de mí, Señor, porque soy un pecador» (Lucas 5,8)

La respuesta a esas palabras, es el llamado de Jesús: 

«No temas, de ahora en adelante serás pescador de hombres» (Lucas 5,10)

“Pescador de hombres”. El mar no es el medio natural del hombre. El mar es el peligro, la muerte. Cuando se sube a un avión se indica a los pasajeros donde se encuentran los chalecos salvavidas, como se colocan e inflan, y por donde se saldría a balsas inflables en caso de que el avión cayera en el mar… Uno no puede menos que pensar por cuánto tiempo se sobreviviría, aunque se esté en una balsa en medio del océano… ¿Llegará alguien a rescatar a ese grupo antes de que mueran de hipotermia?

En el evangelio, el mar representa el mal del mundo, en el que podemos quedar sumergidos y atrapados. El pescador de hombres es enviado por el Señor a anunciar la buena noticia de la vida, a decir que alguien nos ha rescatado, a dar esperanza, a fortalecer el corazón para seguir adelante.

A fines del mes pasado una noticia sacudió al Uruguay: una importante empresa, en la que muchos ahorristas habían depositado su confianza, debió presentar su situación real: ya no podría responder a sus compromisos. Ahorros de muchas familias estaban allí. También ahorros de nuestra diócesis y de otras instituciones de Iglesia. Puede decirse que ese ahorro fue nuestro “trabajar toda la noche”, buscando contar con un capital cuyos intereses, sumados a las ofrendas de los fieles, permitieran mantener un razonable equilibrio en la economía de la diócesis, equilibrio necesario para su funcionamiento y aún así, insuficiente para muchas tareas que habría que realizar.

Podemos decir que esa parte de nuestros trabajos ha resultado inútil. Por eso, la palabra del Señor de este domingo, la recibimos con la misma confianza de Pedro, recordando para qué hacemos esos esfuerzos económicos y administrativos, a la par de la labor diaria en las comunidades: esos esfuerzos tienen que estar al servicio de lo esencial, el anuncio del Evangelio. Con esa confianza, en este Año Jubilar, sigamos juntos remando mar adentro, ofreciendo a nuestro pueblo canario lo más precioso que tenemos: el encuentro con el Señor Resucitado.

En lo demás, renovemos la confianza en que la Providencia no permitirá que falte lo necesario. Me vienen a la memoria aquellos santos que de manera especial se pusieron en sus manos: San Luis Orione (1872-1940), fundador de la “Pequeña Obra de la Divina Providencia”, que estuvo personalmente en nuestra diócesis y cuya obra sigue presente en La Floresta; su contemporáneo, San Juan Calabria (1873-1954), fundador de los Pobres Siervos y de las Pobres Siervas de la Divina Providencia, que tienen casas en Montevideo y en Salto; o más atrás San Luis Scrosoppi (1804-1884), fundador de las Hermanas de la Providencia, que estuvieron en La Paz. A ellos y a nuestro beato Jacinto, nos encomendamos.

Hna. Claudia CPCR

Domingo 9 – recordamos con gratitud a la Hna. Claudia de la Peña, CPCR, fallecida hace un año, que trabajó durante muchos años en nuestra diócesis en Villa Guadalupe.

Indulgencia Plenaria en el Año Jubilar

Varios templos y santuarios de Canelones son lugares en los que se puede obtener la indulgencia plenaria en este año jubilar, cumpliendo las condiciones de confesarse, comulgar y rezar por las intenciones del Santo Padre. Entre ellos se encuentran los cuatro monasterios contemplativos, de los cuales tres tendrán celebraciones importantes en esta semana.

  • Lunes 10, fiesta de Santa Escolástica. Misa con vísperas en el Monasterio de las Benedictinas, a las 17 horas. 
  • El martes 11, día de Nuestra Señora de Lourdes, en el Santuario diocesano de Paraje Echeverría, junto al monasterio de las Clarisas Capuchinas, habrá Misas a las 9, a las 12 y a las 19 horas. En algunos momentos habrá sacerdotes disponibles para confesiones.
  • El Sábado 15, fiesta de San Claudio la Colombière, en el Santuario Eucarístico Diocesano, monasterio de la Visitación de María, en Progreso, misa a las 17 horas.

Gracias, amigas y amigos por su atención. Que los bendiga Dios todopoderoso: Padre, Hijo y Espíritu Santo