viernes, 30 de junio de 2023

“El que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí” (Mateo 10,37-42). Domingo XIII durante el año.


El evangelio de hoy nos trae palabras duras de Jesús.
Son palabras especialmente dirigidas a sus discípulos, en el momento de enviarlos en misión.
Lo primero que les dice Jesús en este pasaje es chocante y lo sería más aún si lo tradujéramos literalmente:
El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; 
y el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí. (Mateo 10,37-42)
El afecto y la ternura que pueden darnos nuestros padres, la amistad entre hermanos, el cariño de los hijos hacia los padres ¿no es acaso algo bueno? Sin duda. Más aún, el mismo Jesús que me llama a amar al prójimo como a mí mismo no me pide que no ame a los miembros de mi propia familia. Sin embargo, para el discípulo de Jesús hay una relación que está primero, que es prioritaria: la relación con él, con el Maestro.
Por eso mismo, como creyentes, como discípulos, tenemos que preguntarnos sobre nuestra relación con Jesús: ¿nos encontramos con Él? ¿Le rezamos y hablamos con Él? 
Nuestra relación con Jesús, ponerlo en primer lugar nos ayuda a profundizar y a purificar nuestro amor al prójimo y a los miembros de nuestra familia. Nos ayuda a pasar de un amor posesivo, de un amor que quiere como apropiarse del otro, a un amor oblativo, es decir, un amor que se da, que se entrega, sin esperar nada a cambio, aunque pueda recibir mucho. Desde esta perspectiva entendemos mejor esto que Jesús nos pide:
Este es mi mandamiento: Ámense los unos a los otros, como yo los he amado. (Juan 15,12)
He dicho “esto que Jesús nos pide”… pero Jesús no pide, Jesús da: ámense “como yo los he amado”. Él nos da su amor para que podamos amar como Él amó.
Más abajo, en el mismo pasaje, encontramos estas palabras:
El que los recibe a ustedes, me recibe a mí; y el que me recibe, recibe a Aquél que me envió. (Mateo 10,37-42)
El misionero, la misionera, no van al encuentro de los demás llevándose a sí mismos. 
A quien llevan, o a quien tienen que llevar a los demás es a Jesús.
¿Cómo podrían -como podría yo- llevarlo, sin vivir una verdadera unión con Él, sin amarlo con todo el corazón y por encima de todo? Pueden -o puedo yo- llevar algunos conceptos, algunas explicaciones… pero si no vivimos nuestro propio encuentro con Jesús, si no vivimos cada día ese encuentro con el Maestro, difícilmente podremos ayudar a otros a encontrarse con Él.
La gente tiene que percibir, tiene que ver, que, para ese discípulo o esa discípula, Jesús es el centro de su vida, Jesús es todo en su vida.
Eso no quiere decir que estas personas sean santas, que no tengan defectos y errores (eso sí, con la humildad de reconocerlos). Lo importante es que su vida esté unificada por tener a Jesús en el centro y sigan, día a día, buscando crecer en esa unión con Él.
Nos quedan todavía las palabras más duras, que encontramos en estos versículos:
El que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí.
El que encuentre su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí, la encontrará. (Mateo 10,37-42)
Aquí se trata de seguir a Jesús por el mismo camino que Él ha recorrido, sin buscar otras sendas. No hay amor verdadero sin cruz. Lo saben bien quienes, llevados por el amor, son capaces de sacrificarse por las personas que aman: lo saben los miembros de una familia, lo saben los amigos, lo saben personas solidarias que han sabido hasta dar la vida por rescatar y salvar a un semejante. 
Si se lleva con Jesús, la cruz no da miedo. Él mismo da la fuerza para llevarla cuando se hace más pesada, en las horas más oscuras y difíciles. La unión con Jesús aleja la inquietud por preservar la propia vida, en una actitud temerosa y egoísta. El que pierda su vida por Jesús, es decir, por amor a Jesús, por amor al prójimo, por amor a los demás, la encontrará.
Las palabras finales de Jesús son especialmente consoladoras. Lo son para los misioneros, porque les anuncian que encontrarán personas que los ayuden; al mismo tiempo, son consoladoras para todo aquel que preste aún el más pequeño servicio a los discípulos de Jesús:
Les aseguro que cualquiera que dé a beber, aunque sólo sea un vaso de agua fresca, a uno de estos pequeños por ser mi discípulo, no quedará sin recompensa (Mateo 10,37-42)
La Palabra de Dios nos recuerda en muchos sitios que Dios conoce el corazón de las personas. Para Él están al descubierto las intenciones de los hombres. Así, puede ver, con los ojos de Jesús, la enorme generosidad de la viuda que deposita en la alcancía del templo las dos moneditas que eran todo lo que tenía para comer y en cambio, advertirnos de esta forma:
Cuando des limosna, no lo vayas pregonando delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser honrados por los hombres. Les aseguro que ellos ya tienen su recompensa. (Mateo 6,2)
Las palabras exigentes de Jesús pueden abrumarnos. Jesús es un amigo exigente; pero, ante todo, es un amigo. Su amor exigente quiere ayudarnos para que brote de nuestro propio corazón un amor generoso, un amor que lo haga presente a Él mismo ante nuestro prójimo, porque es, en definitiva, el amor con que Él mismo nos amó entregándose en la cruz. 
Poniéndonos en sus manos, no nos perderemos y siempre encontraremos la vida. 

Pastoral Juvenil Canelones: soñando con la JNJ 2024

El 24 y 25 de junio se reunió en Pando la Comisión Nacional de Pastoral Juvenil, presidida por Mons. Milton Tróccoli. En ella se trabajó sobre la Jornada Nacional de la Juventud de este año, para la cual se eligió como lema el mismo de la Jornada Mundial que se celebra en Portugal en agosto: “María se levantó y partió sin demora” (Lc 1, 39).  Asimismo, el equipo de Pastoral Juvenil de Canelones, con el apoyo del obispo diocesano, manifestó su disposición a recibir en 2024 la Jornada Nacional. Integrantes del equipo manifestaron que soñaban con que esa jornada fuera para los jóvenes un verdadero encuentro con Jesús, un momento verdaderamente significativo en sus vidas. Diócesis de Canelones: ¡A prepararnos!

135 años del Colegio Nuestra Señora del Huerto, Pando

Hoy, 2 de julio, es la fiesta de Nuestra Señora del Huerto, que celebramos en el Colegio que lleva su nombre, en la ciudad de Pando. Fundado en 1888, en tiempos del P. Juan Bimbolino, el colegio festeja 135 años de vida, siempre a cargo de las Hijas de María Santísima del Huerto.
Las Hermanas del Huerto llegaron a Uruguay en 1856, para atender el Hospital de Caridad (hoy Hospital Maciel). El Papa Pío Nono las alentó a que se ocuparan también de la educación de la niñez. En 1864 inauguraron su primer colegio, en Montevideo. Catorce años más tarde, el tren trajo las hermanas a Pando, donde fueron recibidas con cantos de alegría en la iglesia parroquial. Al otro día se inauguraron los salones. 135 años después, la obra de las hermanas continúa, siempre bajo el amparo de la Virgen del Huerto. Son miles y miles los pandenses que, a lo largo de más de un siglo, pasaron por sus aulas y guardan de esos años hermosos e imborrables recuerdos.

En esta semana

  • Mañana lunes, celebramos la Fiesta de Santo Tomás, apóstol. En él tenemos una invitación a renovar nuestra fe y reconocer a Jesús como nuestro Señor y nuestro Dios.
  • El mismo día, 3 de julio, se cumplen 210 años del nacimiento de Jacinto Vera. Otra ocasión para recordar a nuestro beato, nacido en el mar, bautizado en Brasil, pero que vivió una gran parte de su vida en nuestro suelo canario.
Amigas y amigos, esto es todo por hoy. Gracias por su atención. Que los bendiga Dios todopoderoso: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.

jueves, 29 de junio de 2023

Los Cerrillos: despedida de las Hermanas de la Sagrada Familia de Urgel.



Las Hermanas de la Sagrada Familia de Urgel son una congregación fundada en España a fines del siglo XIX, en la Sede de Urgel. La fundadora fue la beata Ana María Janer, quien, con dos postulantes, para atender el Hospital y la Casa de Misericordia. Un acta recoge el espíritu en que venía la fundadora:

“Ella ha venido aquí con el objeto de encargarse de la dirección interior del establecimiento por espíritu de caridad, y no de intereses, contentándose en que se mantenga a ella y a las demás hermanas sanas y enfermas con la decencia correspondiente a su clase y que para calzar y vestir se les dé para cada una de las hermanas la cantidad de ciento sesenta reales vellón anuales y al mismo tiempo que a su muerte se les hagan los funerales a voluntad de la junta, cediendo a favor de la misma todo lo que ganaren con su trabajo.” 

El "espíritu de Caridad" animó desde entonces a la naciente congregación. La Madre Janer murió en 1885, a los 84 años, viendo ya extendida la presencia de sus hijas.

En 1955, hace 68 años, las Hermanas llegaron a Los Cerrillos, para hacerse cargo del Colegio Santa Isabel. Ya hace algunos años las Hermanas se retiraron de la atención directa del Colegio, aunque seguían vinculadas a él, viniendo desde Las Piedras a dar catequesis. La orientación del Santa Isabel está a cargo de Fundación Sophía, una institución eclesial que tiene como objetivo sostener los colegios católicos, poniendo énfasis en la identidad, la calidad educativa y la sustentabilidad.

Hoy, en el templo parroquial, se celebró la Eucaristía presidida por Mons. Heriberto Bodeant, obispo de Canelones, quien fue acompañado por el P. Jorge Jaurena, párroco de Santa Lucía y de Los Cerrillos y el P. Andrés Boone, párroco de San Isidro de Las Piedras, parroquia en la cual viven todavía las Hermanas.

Esto ha sido una despedida porque las Hermanas dejan la diócesis de Canelones y el Uruguay, para marchar a otros campos de misión.

El templo de Los Cerrillos estaba rebosante con la presencia de alumnos, padres, docentes y personal del Colegio, exalumnos y tres de las Hermanas. Hubo momentos muy emotivos y, a pesar del sabor agridulce de una celebración como ésta, primó el sentimiento de gratitud por los 68 años de presencia y entrega de las Hermanas en Los Cerrillos.  

Luego de la Misa, en el Colegio se ofreció un chocolate caliente y se descubrió una imagen de la Beata Ana María Janer, que seguirá acompañando a los niños con su presencia de Madre.

miércoles, 28 de junio de 2023

"Cosa de Dios": 40 años de la "Fazenda da Esperança", una comunidad para la recuperación de personas con adicciones.

El 29 de junio, Fazenda da Esperança celebra sus 40 años. Presente en Uruguay desde 2009 (Cerro Chato, Melo y Montevideo), esta celebración llegará a Montevideo en los últimos días de agosto, con la presencia de los fundadores Fray Hans Stapel OFM y Nelson Giovannelli. 

Dios va haciendo sus cosas...

Todo comenzó a prepararse en 1979, cuando Fray Hans Stapel OFM, (franciscano de la Orden de los Frailes Menores), asume el cargo de párroco de la Parroquia de Nossa Senhora da Glória, en Guaratinguetá, Sao Pablo, Brasil. 

Al llegar a la parroquia encontró una Obra Social, del mismo nombre que la parroquia, en pleno funcionamiento desde 1970. En su nueva tierra de misión procuró transmitir la presencia de Jesús, en medio de su comunidad, viviendo el Evangelio.

Más tarde nació en la parroquia un grupo para meditar la Palabra, compartir experiencias unos con otros y vivir actos concretos de amor, como la visita a los pobres y enfermos. 

Nelson Giovanelli Rosendo dos Santos e Iraci da Silva Leite (una de las fundadoras de la realidad femenina de la Granja) también formaban parte de este grupo, que crecía cada vez más, liderado por Frei Hans.

Y se produjo el llamado

Era junio de 1983. Nelson Giovanelli pasó varias veces en bicicleta por una esquina del barrio Pedregulho, en Guaratinguetá, donde un grupo de veinte jóvenes se drogaba. Con el deseo de vivir concretamente el Evangelio, decidió acercarse y, poco a poco, ganó la confianza de todos. 

A partir de ahí, uno de aquellos jóvenes, Antônio Eleutério, pidió ayuda para salir del mundo de las drogas. Nació así la comunidad terapéutica Fazenda da Esperança.

Hoy existen más de 150 comunidades terapéuticas, conocidas como Fazendas da Esperança, repartidas por todo el territorio de Brasil y en más de 24 países, incluido Uruguay. 

A lo largo de los años, la Providencia Divina se ha manifestado en la historia. Innumerables personas de corazón generoso los apoyaron con gestos concretos de caridad, a través de donaciones. 

Estas manifestaciones de amor al prójimo se transformaron en obras de evangelización, infraestructura y acogida, no solo para las comunidades terapéuticas, sino también para la apertura de las Casas de Apoyo Sol Nascente, las Residencias Terapéuticas, el Servicio de Albergue Institucional para niños y adolescentes en la modalidad Casa Lar, de Projeto Girassol y Grupos Esperança Viva.

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La Fazenda en Uruguay

En Uruguay existen actualmente tres comunidades. 

La primera, la fazenda Quo Vadis? en Cerro Chato, donde se juntan los departamentos de Treinta y Tres, Durazno y Florida, inaugurada el 1 de agosto de 2009.

En 2015, en la ciudad de Melo, se inauguró la fazenda Betania, femenina, el 22 de agosto.

Después, la fazenda llegó a Montevideo, donde funciona la fazenda Monte Carmelo, en Punta Rieles, inaugurada el 8 de agosto de 2020.

Existen también los Grupos Esperanza Viva (GEV). El más antiguo es el de Montevideo, que funciona actualmente en la parroquia San Ignacio. Después vinieron los de San Carlos, Treinta y Tres, Tacuarembó (en este momento inactivo) y Juanicó, en la Diócesis de Canelones, que desde este año funciona en Las Piedras.

Los GEV son un espacio abierto a todos los que quieran conocer y vivir la espiritualidad de la Fazenda, que tiene raíces franciscanas y focolarinas. Muy especialmente los grupos son un lugar para que quienes desean ingresar a la Fazenda conozcan la propuesta y se preparen para entrar en ella, para que las familias de los internos o internas tengan un acompañamiento y conozcan el proceso que siguen quienes están haciendo su caminata (así se llama el proceso terapéutico de un año). También, de manera especial, el GEV es el lugar donde los ES (no los "ex" sino los "ES", embajadores de la Esperanza) que pasaron por la Fazenda, encuentran apoyo para perseverar en su nueva vida.

martes, 27 de junio de 2023

Jornada Nacional de la Juventud 2024: Canelones empieza a soñar.


El 24 y 25 de junio se reunió en Pando la Comisión Nacional de Pastoral Juvenil, presidida por Mons. Milton Tróccoli. En ella se trabajó sobre la Jornada Nacional de la Juventud de este año, para la cual se eligió como lema el mismo de la Jornada Mundial que se celebra en Portugal en agosto: “María se levantó y partió sin demora” (Lc 1, 39).  

Asimismo, el equipo de Pastoral Juvenil de Canelones, con el apoyo del obispo diocesano, manifestó su disposición a recibir en 2024 la Jornada Nacional. Integrantes del equipo manifestaron que soñaban con que esa jornada fuera para los jóvenes un verdadero encuentro con Jesús, un momento verdaderamente significativo en sus vidas. Diócesis de Canelones: ¡A prepararnos!

40 años de la Fazenda de la Esperanza. Celebraciones en Uruguay.


Con la presencia de los fundadores Fray Hans Stapel ofm y Nelson Giovanelli, se celebrarán en Uruguay los 40 años del nacimiento de esta comunidad terapéutica que nació en el municipio de Guaretinguetá, en el estado de San Pablo, Brasil, a partir del encuentro de Nelson con jóvenes adictos en una esquina de su barrio, hoy conocida como "la esquina de la Esperanza".

Domingo 27 de agosto a las 16 horas, en la Fazenda "Monte Carmelo", en Montevideo: espectáculos artísticos, testimonios, palabras de los fundadores, chocolate caliente y food truck.

Lunes 28 de agosto a las 19 horas en la Catedral de Montevideo, Misa presidida por el Cardenal Daniel Sturla.

Martes 29 de agosto a las 18 horas, en el auditorio Zorrilla del Club Católico (Cerrito 475, Montevideo) mesa redonda sobre "Problemática de las drogas: ¿existe una respuesta?". Presentación de la Fazenda. Palabras de los fundadores. Intervienen: Juan Manuel Cibils, psicólogo y Daniel Radío, secretario de políticas sobre drogas.

lunes, 26 de junio de 2023

Mensaje del Consejo Permanente de la Conferencia Episcopal del Uruguay: democracia, dignidad humana, participación, libertad, solidaridad, reconciliación y paz.


Con motivo de los 50 años del golpe de Estado del 27 de junio de 1973, los miembros del Consejo Permanente de la Conferencia Episcopal del Uruguay queremos compartir con todo nuestro pueblo y especialmente con nuestros hermanos y hermanas en la fe esta reflexión.

El rompimiento del estado de derecho, al que se llegó después de años de desencuentros y de violencia,  fue una tragedia para nuestro país. En ese tiempo ocurrieron hechos que atentaron contra la dignidad humana que siguen siendo heridas que nuestra sociedad no ha logrado sanar.

La recuperación de la democracia, en los años sucesivos, dio lugar a que nuestro país sea reconocido como “democracia plena”, algo que debemos valorar más allá de los problemas coyunturales que toda sociedad atraviesa en su devenir.

El 25 de agosto de aquel 1973, Mons. Carlos Parteli, arzobispo coadjutor de Montevideo, pronunció una homilía que fue publicada con el título “en este momento de nuestra Patria”. Precisamente porque fue escrita en aquella especial coyuntura, creemos que vale la pena recordar algunos de sus conceptos más permanentes.

En ella hablaba de “valores esenciales a salvaguardar”. El primero de ellos: la dignidad humana, en razón de la cual “nadie puede ser privado de los derechos inalienables de su naturaleza humana, ni carecer de los bienes espirituales y materiales que le son necesarios para llevar una vida conforme con su dignidad”.

La interrupción del sistema democrático, la proscripción de personas, organizaciones sociales y partidos, privó de otro de los valores que recordaba Mons. Parteli: “la participación en la responsabilidad de la vida social, en las decisiones que importan al bien común”, es decir, el ejercicio de la ciudadanía en su más amplio sentido, para lo cual “es indispensable la libertad entendida como facultad de actuar responsablemente. Tan grande es ese don de la libertad, que el propio Dios se encarnó y dio su vida por ella. Cristo murió en la cruz para vencer el pecado, que es la raíz de todas las servidumbres”.

Es desde esa libertad, sigue diciendo, que se hace posible la solidaridad: “solo quien puede liberarse de la esclavitud del propio egoísmo está en condiciones de abrirse a los demás, de sentirse solidario con sus semejantes, de amar a su Patria sirviéndola”.

Finalmente, el arzobispo expresaba la voluntad de colaborar para encontrar una salida a la crisis y emprender una nueva etapa en la historia de la Patria “más en consonancia con sus posibilidades y más acorde con las enseñanzas del Evangelio”, haciendo “profesión de solidaridad, de reconciliación y de paz”.

Cincuenta años después vivimos el desafío, como orientales y como cristianos, de colaborar a la reconciliación de nuestro pueblo y a seguir consolidando la democracia que entre todos construimos.

Que Nuestra Señora, la Virgen de los Treinta y Tres, interceda por todos los que habitamos esta bendita tierra para que, en nuestra pluralidad, recorramos en unidad esos caminos.

+ Arturo Fajardo, obispo de Salto, presidente.
+ Cardenal Daniel Sturla, arzobispo de Montevideo, vicepresidente.
+ Heriberto Bodeant, obispo de Canelones, secretario general.

jueves, 22 de junio de 2023

“No teman” (Mateo 10, 26-33). XII Domingo durante el año.

El 16 de octubre de 1978, una multitud reunida en la plaza de San Pedro, esperaba conocer el nombre del nuevo Papa, que ya había sido electo. Se trataba de Karol Wojtyla, a quien hoy veneramos como san Juan Pablo II. Al saludar al Pueblo de Dios convocado en la plaza, hizo esta confesión: 

“He sentido miedo al recibir esta designación… pero la he aceptado con espíritu de obediencia a nuestro Señor Jesucristo y con confianza plena en su Madre, María Santísima”.

Días más tarde, al asumir su servicio pastoral para toda la Iglesia, decía en su homilía:

“No tengan miedo de recibir a Cristo y de aceptar su señorío… ¡No teman! Abran, más todavía, abran de par en par las puertas a Cristo”

El miedo es una sensación desagradable, pero es, a la vez, útil y necesaria. Es normal tener miedo. Es una alerta interior que se dispara ante el peligro. Ayuda a evitar gestos imprudentes, arriesgados… o tontos. El hombre valiente no es el que no siente miedo, sino el que sabe controlarlo. Si el miedo escapa a nuestro control y nos domina, detiene la acción, nos paraliza y no permite que se mantengan las decisiones, a veces muy importantes, que hemos tomado.

En el evangelio de este domingo, tres veces Jesús nos dice “no teman”, “no tengan miedo” y cada vez agrega una razón que justifica su recomendación. Jesús está hablando a sus discípulos. Ellos tienen por delante anunciar la Palabra de Jesús, dirigiéndose, en primer lugar a su propio pueblo, el pueblo de Israel. Llegará un momento en que Jesús los enviará a anunciar el Evangelio por toda la Tierra; pero todavía no ha llegado esa hora. Esta es la primera advertencia que les hace:

No teman a los hombres. No hay nada oculto que no deba ser revelado, y nada secreto que no deba ser conocido. Lo que yo les digo en la oscuridad, repítanlo en pleno día; y lo que escuchen al oído, proclámenlo desde lo alto de las casas. (Mateo 10, 26-33)

“No teman a los hombres”. Se trata de quienes pueden oponerse a su mensaje, incluso con la violencia; pero también, como sucede hoy en día, buscando desacreditarlos, desprestigiarlos, aduciendo que no saben de lo que hablan o que no tienen autoridad para decir esas palabras. La justificación que da Jesús es un poco misteriosa. Utiliza contrastes: lo oculto será revelado, lo secreto será conocido, lo que se dijo en la oscuridad será repetido en el día, la palabra susurrada al oído será proclamada desde las azoteas… 

Jesús formaba a sus discípulos como lo hacían otros rabinos de su tiempo. Los discípulos estudiaban pero no hablaban en público hasta que estuvieran preparados. Entonces, todos reconocerían su autoridad.

Tal vez así se preparó el mismo Jesús, que durante años meditó calladamente la Palabra de Dios y dialogó en la intimidad con su Padre y un día provocó el asombro de sus vecinos de Nazaret:

Al llegar a su pueblo, se puso a enseñar a la gente en la sinagoga, de tal manera que todos estaban maravillados. «¿De dónde le viene, decían, esta sabiduría y ese poder de hacer milagros? … ¿De dónde le vendrá todo esto?». (Mateo 13,54.56)

Así como su Maestro se manifestó un día, así harán los discípulos. Despertarán asombro, pero también rechazo, como lo experimentó Jesús, pero Él les dice “no teman”. 

Aunque los discípulos puedan sentir una sensación de fracaso y no lleguen a ver por sí mismos el fruto de lo que sembraron, ese fruto llegará. Nada puede detener la realización del plan de Dios. 

La amenaza de la violencia física es real. Los discípulos pueden ser maltratados y pueden recibir la muerte. Efectivamente, eso sucederá con casi todos ellos. Por eso, agrega Jesús:

No teman a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. Teman más bien a aquel que puede arrojar el alma y el cuerpo al infierno. (Mateo 10, 26-33)

Es verdad: el discípulo de Jesús podrá ser insultado, acusado falsamente, golpeado, despojado de sus bienes, llevado a la muerte… pero ninguna violencia podrá quitarle el bien verdadero: la Vida que ha recibido de Dios. San Pablo lo expresa de una forma tan hermosa como convencida:

¿Quién podrá separarnos del amor de Cristo? ¿Las tribulaciones, las angustias, la persecución, el hambre, la desnudez, los peligros, la espada? Tengo la certeza de que … nada podrá separarnos jamás del amor de Dios, manifestado en Cristo Jesús, nuestro Señor. (Romanos 8, 35.38.39)

A lo único que debe temer el discípulo es a sus propias tendencias negativas interiores, aquellas que pueden llevarlo a apartarse del camino de Jesús, empezando por el propio miedo que, como hemos dicho, paraliza y hace caer las decisiones que quisieron ser tomadas con firmeza, para toda la vida.

Para el tercer “no teman”, Jesús pone primero algunas consideraciones:

¿Acaso no se vende un par de pájaros por unas monedas? Sin embargo, ni uno solo de ellos cae en tierra, sin el consentimiento del Padre de ustedes que está en el cielo. También ustedes tienen contados todos sus cabellos. No teman entonces, porque valen más que muchos pájaros. (Mateo 10, 26-33)

Los pájaros eran los animales de menor valor. Dos pichones de paloma eran la ofrenda de los pobres en los sacrificios del templo. La ofrenda que presentaron José y María para rescatar a su primogénito.

Los pájaros no eran considerados valiosos porque eran muy poco como alimento y los sembradores los veían como enemigos, que podían arrebatar la semilla, como cuenta la parábola del sembrador.

Sin embargo, hace ver Jesús, el Padre cuida de ellos. Si eso hace por seres de tan poca importancia ¿cómo no cuidará de ustedes?

Pero, atención: Jesús no les promete a sus discípulos que “no les pasará nada”, ni que van a ser rescatados del peligro en forma milagrosa. Si han sido fieles, Dios realizará su obra en sus discípulos, les dará la plenitud de la vida, la Vida verdadera.

El discípulo vence sus miedos poniendo su confianza y construyendo su vida sobre la Palabra de Jesús.

Este pasaje del evangelio concluye con una promesa y una advertencia:

Al que me reconozca abiertamente ante los hombres, yo lo reconoceré ante mi Padre que está en el cielo. Pero yo renegaré ante mi Padre que está en el cielo de aquel que reniegue de mí ante los hombres. (Mateo 10, 26-33)

“Al que me reconozca”. El verbo griego que traducimos como “reconocer” es ὁμολογεῖν  (homologēin) que significa, literalmente, “decir la misma cosa”. Tomándolo así, podemos entender de esta forma las palabras de Jesús: si ante los hombres ustedes dicen y hacen lo mismo que yo he dicho y hecho, en el día del Juicio, yo reconoceré ante mi Padre que ustedes han actuado así.

Pero si esa no es nuestra manera de obrar, si traicionamos a Jesús, él no podrá reconocer, no podrá “homologar” nuestra conducta ante el Padre.

En fin, hermanas y hermanos, si queremos seguir a Jesús de corazón, no temamos más que a aquello que pueda apartarnos de Él. Al igual que san Juan Pablo II, al hacer nuestro compromiso con el Señor, confiémonos a Él y a su Madre Santísima.

En esta semana

La parroquia Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, en Barros Blancos, adelanta su fiesta patronal, que sería el día 27, celebrándola hoy, domingo, con la Eucaristía a la hora 11.

El jueves 29, en la parroquia San Miguel de Los Cerrillos, celebraremos la Eucaristía agradeciendo los años de presencia y servicio de las Hermanas de la Sagrada Familia de Urgel, que dejan nuestra Diócesis, para ir hacia otros campos de misión.

Gracias, amigas y amigos, por su atención. Que los bendiga Dios todopoderoso: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.

lunes, 19 de junio de 2023

«Su misericordia se extiende de generación en generación» (Lucas 1,50). III Jornada de los Abuelos y Mayores. Mensaje del Papa Francisco.


 

MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO
PARA LA III JORNADA MUNDIAL
DE LOS ABUELOS Y DE LOS MAYORES

23 de julio de 2023

«Su misericordia se extiende de generación en generación» 
(Lucas 1,50)

Queridos hermanos y hermanas:

«Su misericordia se extiende de generación en generación» (Lc 1,50): este es el tema de la III Jornada Mundial de los Abuelos y de los Mayores. Es un tema que nos reconduce a aquel encuentro bendito entre la joven María y su pariente anciana Isabel (cf. Lc 1,39-56). Esta, llena del Espíritu Santo, se dirige a la Madre de Dios con palabras que, a distancia de milenios, acompasan nuestra oración cotidiana: «Bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre» (v. 42). Y el Espíritu Santo, que ha descendido ya sobre María, la impulsa a responder con el Magníficat, en el que proclama que la misericordia del Señor se extiende de generación en generación. El Espíritu Santo bendice y acompaña cada encuentro fecundo entre generaciones distintas, entre abuelos y nietos, entre jóvenes y ancianos. Efectivamente, Dios desea que, como hizo María con Isabel, los jóvenes alegren el corazón de los ancianos, y que adquieran sabiduría de sus vivencias. Pero, sobre todo, el Señor desea que no dejemos solos a los ancianos, que no los releguemos a los márgenes de la vida, como por desgracia sucede frecuentemente.

Es hermosa, este año, la cercanía entre la celebración de la Jornada Mundial de los Abuelos y de los Mayores y la de la Juventud; ambas tienen como tema la “prisa” de María para ir a visitar a Isabel (cf. v. 39), y de ese modo nos llevan a reflexionar sobre el vínculo entre los jóvenes y los ancianos. El Señor espera que los jóvenes, al encontrarse con los ancianos, acojan la llamada a custodiar la memoria y reconozcan, gracias a ellos, el don de pertenecer a una historia más grande. La amistad con una persona anciana ayuda al joven a no reducir la vida al presente y a recordar que no todo depende de sus capacidades. Para los más ancianos, en cambio, la presencia de un joven les da esperanza de que todo lo que han vivido no se perderá y que sus sueños pueden realizarse. En definitiva, la visita de María a Isabel y la conciencia de que la misericordia del Señor se transmite de una generación a la otra revelan que no podemos avanzar —y mucho menos salvarnos— solos y que la intervención de Dios se manifiesta siempre en el conjunto, en la historia de un pueblo. Es María misma quien lo dice en el Magníficat, exultando en Dios que ha obrado maravillas nuevas y sorprendentes, fiel a la promesa hecha a Abrahán (cf. vv. 51-55).

Para acoger mejor el estilo de actuar de Dios, recordemos que el tiempo tiene que ser vivido en su plenitud, porque las realidades más grandes y los sueños más hermosos no se realizan en un momento, sino a través de un crecimiento y una maduración; en camino, en diálogo, en relación. Por ello, quien se concentra sólo en lo inmediato, en conseguir beneficios para sí rápida y ávidamente, en tener “todo enseguida”, pierde de vista el actuar de Dios. Su proyecto de amor, por el contrario, atraviesa pasado, presente y futuro, abraza y pone en comunicación las generaciones. Es un proyecto que va más allá de nosotros mismos, pero en el que cada uno de nosotros es importante, y sobre todo está llamado a ir más allá. Para los más jóvenes se trata de ir más allá de esa inmediatez en la que se confina la realidad virtual, la cual muchas veces distrae de la acción concreta; en el caso de las personas mayores se trata de no hacer hincapié en las fuerzas que decaen y de no lamentarse por las ocasiones perdidas. Miremos hacia adelante. Dejémonos plasmar por la gracia de Dios que, de generación en generación, nos libra del inmovilismo en el actuar y de los remordimientos del pasado.

En el encuentro entre María e Isabel, entre jóvenes y ancianos, Dios nos da su futuro. El camino de María y la acogida de Isabel abren las puertas a la manifestación de la salvación. A través de su abrazo, la misericordia de Dios irrumpe con una gozosa mansedumbre en la historia humana. Quisiera pues invitar a cada uno de ustedes a pensar en aquel encuentro, más aún, a cerrar los ojos y a imaginar, como en una foto, aquel abrazo entre la joven Madre de Dios y la madre anciana de san Juan Bautista; a representarlo en la mente y a visualizarlo en el corazón, para fijarlo en el alma como un luminoso icono interior.

Y los invito además a pasar de la imaginación a la realización de un gesto concreto para abrazar a los abuelos y a los ancianos. No los dejemos solos, su presencia en las familias y en las comunidades es valiosa, nos da la conciencia de compartir la misma herencia y de formar parte de un pueblo en el que se conservan las raíces. Sí, son los ancianos quienes nos transmiten la pertenencia al Pueblo santo de Dios. Tanto la Iglesia como la sociedad los necesita. Ellos entregan al presente un pasado necesario para construir el futuro. Honrémoslos, no nos privemos de su compañía y no los privemos de la nuestra; no permitamos que sean descartados.

La Jornada Mundial de los Abuelos y de los Mayores quiere ser un pequeño y delicado signo de esperanza para ellos y para toda la Iglesia. Renuevo por ello mi invitación a todos —diócesis, parroquias, asociaciones y comunidades— a celebrar esta Jornada, poniendo en el centro la alegría desbordante de un renovado encuentro entre jóvenes y ancianos. A ustedes, jóvenes, que se están preparando para ir a Lisboa o que vivirán la Jornada Mundial de la Juventud en sus lugares de origen, quisiera decirles: antes de ponerse en camino vayan a encontrar a sus abuelos, hagan una visita a un anciano que esté solo. Su oración los protegerá y llevarán en el corazón la bendición de ese encuentro. A ustedes ancianos les pido que acompañen con la oración a los jóvenes que van a celebrar la JMJ. Estos muchachos son la respuesta de Dios a sus peticiones, el fruto de lo que sembraron, el signo de que Dios no abandona a su pueblo, sino que siempre lo rejuvenece con la fantasía del Espíritu Santo.

Queridos abuelos, queridos hermanos y hermanas mayores, que la bendición del abrazo entre María e Isabel los alcance y colme de paz sus corazones. Los bendigo con afecto. Y ustedes, por favor, recen por mí.

Roma, San Juan de Letrán, 31 de mayo de 2023, Fiesta de la Visitación de la Bienaventurada Virgen María.

Francisco

viernes, 16 de junio de 2023

Sagrado Corazón de Jesús: "El amor del Señor permanece para siempre" (Salmo 103,17)


 “El amor del Señor permanece para siempre” (Salmo 103,17), 

leemos y rezamos en uno de los salmos.

El autor de ese salmo murió hace mucho más de dos mil años. No vivió para siempre, al menos en esta tierra. ¿Cuánto tiempo habrá vivido? Tal vez fue bendecido por una vida larga, medida en tiempos humanos… tal vez alrededor de cien años. ¿En qué momento de su vida escribió eso? ¿En el entusiasmo de la juventud o en la madurez del anciano? ¿Cómo pudo afirmar, con tanta certeza algo que lo supera en el tiempo? ¿Cómo puede decirnos que el amor del Señor permanece “para siempre”?

Humanamente hablando, podemos pensar que el salmista no habla únicamente de una experiencia personal, la de la presencia del Señor en su corta vida, sino la experiencia de su pueblo, que, en su caminar de siglos, experimentó permanente esa presencia. No solo la presencia de Dios: sino la presencia del amor y de la misericordia de Dios.

Otro salmo, el 136, recuerda las intervenciones de Dios, como creador de todo lo que existe y como salvador de su pueblo. A cada obra que es recordada, se recuerda que Dios la hizo “porque es eterno su amor”.

Hay, pues, una memoria de toda la comunidad creyente que da testimonio del amor de Dios.

Un amor vivido no solo cuando fueron rescatados del peligro, sino también vivido como amor exigente, que corrige, que llama sin descanso a todo aquel que se aleja, a que vuelva a Dios.

Pero no se trata solo de una vivencia humana. El salmista afirma “el amor del Señor permanece para siempre” bajo la inspiración del Espíritu Santo, autor último de la Sagrada Escritura. Por eso seguimos alabando al Señor con el rezo de 

“salmos, himnos y cantos inspirados, cantando y celebrando al Señor de todo corazón” (Efesios 5,19)

como aconseja san Pablo a los Efesios y tal como hacen nuestras hermanas salesas a lo largo de cada jornada. 

Lo que manifiesta el salmista, como todo lo que la Escritura afirma para nuestra salvación 

“debe tenerse como afirmado por el Espíritu Santo” (Dei Verbum, 11). 

El amor de Dios, el amor que permanece para siempre, se hace patente en el Corazón de Jesús. ¿Dónde está el corazón de Jesús? 

Él mismo nos dice: 

“allí donde tengan su tesoro, tendrán también su corazón” (Lucas 12,34). 

Jesús, el Hijo de Dios hecho hombre, experimenta el amor del Padre en su propio corazón. 

Su corazón está puesto en el querer del Padre, en su voluntad. Y esa voluntad del Padre, voluntad de salvación, lo lleva a poner en su corazón otro tesoro: la humanidad entera, llamada a encontrar a su creador y a participar para siempre de su vida divina.

Para eso, Jesús ha dado la vida. Para eso fue traspasado su corazón: para que de él brote para nosotros la vida nueva, la vida en Dios.

Mientras tanto, vamos haciendo nuestro camino por la vida, donde nos encontramos con los signos del amor de Dios. A medida que envejecemos, vemos a nuestro alrededor los cambios del mundo. Nada nuevo. Recordemos el Eclesiastés: 

“nada nuevo bajo el sol” (Eclesiastés 1,9).

Cada generación, a su tiempo, vivió la inquietud, la inestabilidad, las incertidumbres de los cambios históricos, de los cambios de época. A veces nos angustiamos frente a todo eso.

¡Qué consuelo encontramos, entonces, en las palabras del salmista! Porque unas cosas caen, otras se levantan, pero “el amor de Dios permanece para siempre”.

Desde su corazón, Jesús nos llama: 

“vengan a mí, todos los que están afligidos y agobiados, y Yo los aliviaré” (Mateo 11, 25-30).

Cuando tantas cosas se han perdido, cuando tantas personas queridas se han ido, Él sigue allí. El Señor sigue allí. Él no se va. Su promesa sigue en pie. Y nosotros venimos y vamos a su encuentro y, a partir de ese encuentro con Él y con nuestros hermanos y hermanas en la fe, se nos hace posible volver a empezar; sanar y recomenzar a caminar en el amor de Dios que permanece para siempre.

jueves, 15 de junio de 2023

“Han recibido gratuitamente, den también gratuitamente” (Mateo 9,36-10,8). Domingo XI durante el año.

El mes de junio, en la Iglesia uruguaya, es un “mes vocacional”, en el que se desarrollan diferentes actividades y se invita a las comunidades a rezar por las vocaciones. Providencialmente, en el evangelio de este domingo Jesús nos está pidiendo precisamente eso:

«La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha» (Mateo 9,36-10,8).

Son bien conocidas estas palabras de Jesús. Son un llamado urgente: “rogar”, es decir: rezar, orar; “al dueño de los sembrados”, es decir a Dios; “que envíe trabajadores”; hoy podríamos entenderlo como misioneros, agentes pastorales, entre los que están incluidos los sacerdotes, pero también diáconos, personas consagradas y fieles laicos. Después entraremos más en detalle sobre esto. Finalmente, Jesús dice “para la cosecha”.

Quien dice “cosecha” -me lo señaló hace años un agricultor- está hablando de un capital que si no se levanta en tiempo y forma, se pierde. La cosecha es urgente. No se puede postergar. Cuando llega el momento se debe realizar. Jesús y sus discípulos han sembrado en las almas la semilla de la Palabra y ha llegado el momento de recoger los frutos. Y eso no puede esperar.

Pero la cosecha supone, antes, la siembra: generosa, abundante, confiada, como lo trasluce la parábola del sembrador, que esparce la semilla sin mirar dónde cae. A la siembra sigue el cultivo, con todos sus cuidados; entre ellos el riego, como recordamos especialmente en este tiempo de prolongada sequía. Y detrás de todos esos trabajos, la gracia de Dios en obra. Así lo manifiesta San Pablo en su primera carta a los Corintios:

Yo planté y Apolo regó, pero el que ha hecho crecer es Dios.
Ni el que planta ni el que riega valen algo, sino Dios, que hace crecer. (…)
Nosotros somos cooperadores de Dios, y ustedes son el campo de Dios (1 Corintios 3,6-9)

Cuando el beato Jacinto Vera inició su misión como primer Obispo del Uruguay, conocía bien la realidad de nuestra Iglesia y la gran carencia de sacerdotes. Por ello, se preocupó de promover las vocaciones sacerdotales y de fundar el seminario donde podrían formarse, sin tener la necesidad, como le había ocurrido a él, de trasladarse al extranjero para sus estudios.

Hoy la Iglesia sigue necesitando Sacerdotes. A fines de 2020 había en el mundo más de cuatrocientos mil presbíteros (410.219). El 40% de ellos estaba en Europa y el 29% en América, mientras que en Asia se ubicaba el 17%, en África el 13% y en Oceanía el 1% restante. Sin embargo, los números vienen disminuyendo en Europa y América, que cuentan con muchos sacerdotes muy mayores y, en cambio, están aumentando en Asía y África.

Pero cuando rezamos por las vocaciones, no tenemos que pensar solo en los sacerdotes. Va creciendo en consideración el ministerio de los Diáconos permanentes. El diaconado, tercer grado del sacramento del Orden, se otorga a hombres casados, con cierto tiempo de vida en matrimonio. Su ministerio incluye la celebración de bautismos y casamientos, pero no solamente eso. Cada uno, según su propio carisma y sus competencias, puede desarrollar diferentes actividades pastorales y servicios, constituyéndose en un valioso apoyo para la vida de una comunidad parroquial, un colegio o una obra social.

Está también el amplio abanico de la vida consagrada. Quisiera recordar distintas formas, presentes en nuestra diócesis. A veces decimos “religiosas”, “hermanas”, “monjas”, como si todo fuera lo mismo. Todas son mujeres consagradas, pero “monjas”, hablando propiamente, son las que viven en un monasterio, en clausura, dedicadas a una vida de oración. Nuestra diócesis tiene la dicha de contar con cuatro monasterios femeninos: benedictinas en El Pinar, salesas en Progreso, clarisas franciscanas en San José de Carrasco y clarisas capuchinas en Echeverría, cerca de Canelones. Hubo un monasterio masculino, “La Pascua”, de monjes benedictinos, donde comienza ahora a desarrollarse un centro de espiritualidad y pastoral.

Las congregaciones de hermanas presentes en nuestra diócesis son varias. Trabajan en sus obras y participan en la vida pastoral de las parroquias. Las Hijas de María Auxiliadora (Salesianas) y Hermanas de la Sagrada Familia de Urgel en Las Piedras; Misioneras de la Caridad de Santa Teresa de Calcuta en 18 de Mayo; Hermanas de la Sagrada Familia de Castelletto en Progreso; Siervas del Sagrado Corazón e Hijas de María Santísima del Huerto en Pando; Hermanitas de la Anunciación en Barros Blancos; Hermanas de la Caridad Cristiana, las Alemanas, en Santa Lucía; Hermanas del Perpetuo Socorro en Sauce; Misioneras Servidoras de la Palabra en Shangrilá; Pequeñas Hermanas misioneras de la Caridad (de Don Orione) en La Floresta. 

Otra forma de vida consagrada femenina es el Orden de las Vírgenes, establecido recientemente en la diócesis con la consagración de las dos primeras, que animan la vida pastoral de la parroquia San Adolfo, en 18 de Mayo. 

También hay presencia del Instituto Secular Orionita, de laicas consagradas, en La Floresta. Y comunidades como ADSIS, en Paso Carrasco, que reúnen personas con distintos estados de vida, incluyendo matrimonios.

Hablamos de “religiosas”, pero hay también “religiosos”, que pueden ser sacerdotes o hermanos. Los Salesianos en Las Piedras, los Claretianos en Progreso, los Dehonianos en El Pinar, los Orionitas en La Floresta, los Misioneros Servidores de la Palabra en San José de Carrasco, los Franciscanos de María en Nicolich y los Hermanos Maristas en Pando.

Otras congregaciones, tanto femeninas como masculinas estuvieron en nuestra diócesis y conservan aún diversos vínculos, sobre todo con obras educativas que siguen buscando vivir su carisma.

Orando por las vocaciones pedimos también por los fieles laicos, llamados a vivir su vocación bautismal. A ellos se aplican estas palabras de San Pablo:

Ciertamente, hay diversidad de dones, pero todos proceden del mismo Espíritu.
Hay diversidad de ministerios, pero un solo Señor.
Hay diversidad de actividades, pero es el mismo Dios el que realiza todo en todos.
En cada uno, el Espíritu se manifiesta para el bien común. (1 Corintios 12,4-7)

“El Espíritu se manifiesta para el bien común”: es decir, para la participación de laicos y laicas tanto en la vida de la comunidad eclesial, como en la misión evangelizadora de la Iglesia en el mundo, en la realidad en la que los laicos se mueven cada día y donde tienen la ocasión de dar testimonio de su fe con sus palabras y sus actitudes.

Fieles laicos y laicas, personas consagradas, diáconos, sacerdotes y obispos: la Iglesia, el Pueblo de Dios. Los miembros de la comunidad reunida por el llamado del Señor necesitamos siempre recordar que hemos sido llamados, no por ningún mérito nuestro, sino por gracia. También en ese sentido tenemos que entender las palabras de Jesús:

“Han recibido gratuitamente, den también gratuitamente” (Mateo 9,36-10,8)

En esta semana

El sábado 24 de junio celebramos la Natividad de San Juan Bautista, patrono de Santa Lucía y de San Bautista. Felicitaciones a las dos comunidades.

Gracias, amigas y amigos por su atención. Que los bendiga Dios todopoderoso: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.