domingo, 10 de abril de 2016

Gen Rosso: "Fuertes sin violencia" en Montevideo

"Fuertes sin violencia": 18-21 de mayo en Montevideo

Una  experiencia innovadora  de prevención contra las drogas y la violencia en gira por Cono Sur estará en Uruguay.
Organizan:
Gen Rosso - Movimiento de los Focolares
Fazenda de la Esperanza Uruguay

La propuesta abarca dos momentos: talleres de prevención que se realizarán a partir del miércoles 18 de mayo y dos presentaciones del espectáculo musical Streetlight, el viernes 20 y el sábado 21, a las 20 horas, en el Colegio Clara Jackson de Heber.

La idea del proyecto “Fuertes sin violencia”, que culmina con la presentación del espectáculo, tiene como finalidad hacer que los jóvenes descubran y desenvuelvan sus talentos y, principalmente, ayudar a que su autoestima crezca. Así mismo, la construcción conjunta del show con los jóvenes en recuperación y los músicos, es una forma de llevar a la sociedad a cuestionarse sobre el problema de las drogas por medio de ejemplos de recuperación.

Fazenda de la esperanza

Con más de treinta años de experiencia, Fazenda de la Esperanza trabaja en la recuperación de dependientes químicos y de alcoholismo, con una propuesta basada en tres pilares: espiritualidad, trabajo y convivencia. Actualmente cuenta con 112 comunidades en 17 naciones. A lo largo de su trayectoria se han recuperado más de 70.000 jóvenes. En Uruguay está presente con la comunidad masculina ¿Quo Vadis? en Cerro Chato (Treinta y Tres) y la femenina Betania en la ciudad de Melo, Cerro Largo.

Grupo musical Gen Rosso - Movimiento de los Focolares

Gen Rosso – International Performing Arts Group es un grupo internacional de músicos, bailarines  y  artistas en actividad desde hace más de 40 años al servicio de la  comprensión, solidaridad  y  fraternidad de los pueblos. El objetivo de Gen Rosso es transmitir valores a través de la música: paz, justicia social, amor y solidaridad, base de todas las relaciones fraternas entre los individuos.

Enfoques Dominicales: "Fraternidad sí, violencia no" o como cuidarnos mejor unos a otros

"Fraternidade sim, violência não": en la Cuaresma del año 1983, los Obispos brasileños lanzaron la "Campaña de la Fraternidad" de ese año, con ese lema, preocupados por la creciente violencia en la sociedad brasileña.

En la pasada Semana Santa, los Obispos uruguayos, sin habernos comunicado previamente, coincidimos en nuestros mensajes en hacer referencia a esas situaciones.

En esos días nos estremecíamos con las noticias más difundidas, como los atentados en el aeropuerto y en el metro de Bruselas, pero también con hechos de violencia en Montevideo, que terminaron con la muerte de dos taxistas.

En su mensaje del domingo de Pascua, el Papa Francisco expresó su cercanía “a las víctimas del terrorismo, esa forma ciega y brutal de violencia que no cesa de derramar sangre inocente” y mencionó, además de Bélgica, Turquía, Nigeria, Chad, Camerún, Costa de Marfil e Irak”.

Después de Pascua, hace pocos días, se sumaron nuevos atentados en Pakistán, un país que sufrió el año pasado 625 atentados, dos por día.

Yo soy de los que se resiste a pensar que el mundo está cada vez peor. La violencia está presente desde el comienzo de la humanidad. El libro del Génesis no demora mucho en introducirnos la historia de Caín dando muerte a su hermano Abel. Historia terrible, que presenta el surgimiento de la violencia de un hermano contra otro. Una historia que nos quiere hacer pensar que la violencia es siempre fratricida, es decir, que cuando un ser humano mata a otro ser humano siempre está matando a un hermano, aunque no quiera reconocerlo como tal.

El Uruguay conoció también terribles episodios de violencia en nuestras guerras civiles, y también en los años de plomo de fines de los 60 y comienzos de los 70.

Sin embargo, cuando miramos a la realidad que han vivido y aún viven otros países hermanos latinoamericanos, lo nuestro es poco...

Se ha debatido y se sigue debatiendo sobre qué se puede hacer frente a la violencia criminal que sufrimos hoy. Se ha pensado en diferentes formas de sacar dinero de la calle, haciendo que el asalto a los conductores del transporte público sea poco atrayente. Se reclama mayor represión y aumento de las penas. Hay quienes proponen medidas de largo plazo, que puedan modificar las causas de la delincuencia…

P. Pablo Bonavía
El año pasado, un sacerdote amigo de Montevideo, el Padre Pablo Bonavía, sufrió sucesivamente dos asaltos en su casa parroquial, en la Cruz de Carrasco. (De paso recordemos que esa parroquia, ubicada en Camino Carrasco y Bolivia, tuvo como primer párroco a Mons. Roberto Cáceres, y fue desde allí que vino a Melo en 1962, para ser Obispo de esta Diócesis durante tantos años.)

Después de la violencia sufrida, el P. Bonavía publicó algunas reflexiones que quiero compartir con ustedes. El las tituló “Cuidarnos mejor unos a otros”.
La violencia ha ido ganando terreno en nuestra sociedad. (…) Aunque es cierto que ella ha acompañado siempre la convivencia humana hoy sentimos que está ocupando espacios que hasta ahora se consideraban libres de su amenaza. Se traspasan nuevos límites y se abre el camino a una violencia de todos contra todos. Y eso, naturalmente, nos atemoriza, nos pone a la defensiva, nos incita a pensar en rejas, alarmas y otras medidas preventivas que den más seguridad a las personas, familias o instituciones del barrio. Algo legítimo, por supuesto, que busca dar una mínima protección a quienes se sienten en riesgo permanente de ser agredidos en sus derechos y dignidad fundamentales.

¿Es esto suficiente? Todo indica que no. Al contrario: quedarse exclusivamente en medidas puramente defensivas a nivel personal o grupal lleva a perder cada vez más terreno. Se transforma en una conquista para quienes se aprovechan del creciente abandono de los espacios comunes y marcan como propios territorios antes compartidos por todos. Puede incluso hacernos olvidar algo aún más importante: que la vida humana es toda ella una trama, una construcción en red, y que, por eso, nos necesitamos unos a otros. El aislamiento, la indiferencia, el abandono de unos por parte de otros se transforma en una especie de lento pero seguro suicidio colectivo. Una renuncia de antemano a lo que hace realmente humana la vida.

En este sentido los acontecimientos vividos en la parroquia últimamente son reveladores. A partir de hechos violentos que todos rechazamos se puso de manifiesto la solidaridad de una cantidad de vecinos e instituciones que en una asamblea barrial quisieron proponer un enfoque que vaya más allá de las medidas de auto-protección: se trata de cuidarnos mejor los unos a los otros. ¿Una utopía? ¿Un planteo poco realista? No, algo que en pequeña escala ya se hace silenciosamente en muchos espacios educativos y sociales de los que todos nos servimos en nuestra zona y que intentan trabajar en red”
A partir de allí, Bonavía nombra una serie de instituciones y espacios, que también podemos encontrar en Cerro Largo y Treinta y Tres. Éstos, dice el Padre Bonavía, son
Lugares donde se busca ir a la raíz de la violencia y se educa no sólo para evitar el daño que recibimos nosotros de los demás sino incluso el daño que, en otro plano y en el largo plazo, el agresor se inflige a sí mismo, en muchos casos más profundo y duradero que el que provoca en los otros. Se trata de brindar a niños, jóvenes y adultos, posibilidades reales de afecto, educación, autoestima, salud, capacitación, trabajo, deporte, juego. Algo que ayude a abrir caminos, descubrir capacidades y estimular responsabilidades sobre todo en quienes arrancan su trayectoria por la vida con más obstáculos.

Esto supone abandonar la costumbre de definir a los otros por lo que les falta y no por sus posibilidades de ser, crecer y aportar. Creemos que en realidad hay que partir de lo que nos falta a todos cuando alguien no llega a ser lo que está llamado a ser. Partimos de las posibilidades que hay inscritas y no desarrolladas en todos/as teniendo como horizonte lo que podemos llegar a ser juntos cuando actuamos solidariamente y desde los derechos de los más golpeados.

Hay mucha cosa buena (…) que está como invisibilizada (…) Se trata de ser honestos con la realidad. No necesitamos disimular lo negativo, que no es poco, pero sí luchar contra cierta ‘cultura de la queja’ que muchas veces tiene como consecuencia justificar nuestra pasividad. Y comprometernos a apoyar lo que tantos vecinos hacen espontáneamente para cuidarse a sí mismos y a los demás y lo que hacen distintas instituciones de barrio trabajando en red para cuidarnos a todos. Si lo logramos, la violencia habrá comenzado a perder.
Es que no basta con poner ingentes esfuerzos en erradicar la violencia, si no construimos al mismo tiempo la Fraternidad, si no crecemos en sentirnos hermanos, responsables unos de los otros, cuidándonos mejor unos a otros.

+ Heriberto

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Enfoques Dominicales
es un programa que se emite por 1340 AM La Voz de Melo, los domingos a las 11:50. La versión escrita que presenta el Blog no es la versión literal de lo emitido, pero sí su contenido esencial.
 

domingo, 3 de abril de 2016

Enfoques Dominicales: Domingo de la Misericordia

Hoy es el segundo domingo de Pascua, llamado también Domingo de la Misericordia.
 
En la ciudad de Treinta y Tres, en nuestra Diócesis de Melo, la parroquia del Salvador celebra su fiesta patronal, ya que fue un segundo Domingo de Pascua (antes de que se le llamara también "de la Misericordia") 18 de abril de 1976, cuando fue erigida por Mons. Roberto Cáceres.
 
¿Por qué “Domingo de la Misericordia”?
Este nombre fue dado por indicación de San Juan Pablo II, en el año 2000.
Efectivamente, el 30 de abril de ese año, el Papa Juan Pablo canonizó a una religiosa polaca, Sor Faustina Kowalska, una mujer que recibió revelaciones de la Misericordia del Corazón de Jesús.
Durante la Misa de canonización el Papa dijo:
«En todo el mundo, el segundo domingo de Pascua recibirá el nombre de domingo de la Divina Misericordia. Una invitación perenne para el mundo cristiano a afrontar, con confianza en la benevolencia divina, las dificultades y las pruebas que esperan al género humano en los años venideros».
Como sabemos, a fines del año pasado, a iniciativa del Papa Francisco, la Iglesia está celebrando un Año Santo o Jubileo de la Misericordia. En ese contexto, este Domingo toma un relieve especial.
 
¿Cuál es la esencia del mensaje del Domingo de la Misericordia?
Se podría resumir en tres pilares fundamentales:
  1. Dios es misericordioso y nos ama a todos
  2. Debemos confiar en la Misericordia de Dios.
  3. La Misericordia define nuestra actitud ante cada persona
Primero: Dios es misericordioso y nos ama a todos.
¿Qué quiere decir misericordia? ¿Qué quiere decir que Dios es misericordioso?
Misericordia junta las palabras miseria y corazón. Tener misericordia es sentir en el corazón la miseria ajena. La miseria puede ser material o espiritual, o todo a la vez. Dios ama a cada persona que ha venido a este mundo. Cada uno de nosotros es una creatura suya. Su mirada es la del Padre que nos ha llamado a la vida, que nos ha creado para una felicidad eterna en comunión con él y entre nosotros. En cambio, nos encontramos con una vida miserable. Sufrimos por las decisiones que otros tomaron, y agregamos nuestras propias decisiones equivocadas, que nos hacen miserables y hacen miserables a otros que también las sufren.
La Misericordia de Dios se manifiesta enviando a su Hijo Jesús. Él no llega como todopoderoso, sino como un niño frágil, envuelto en pañales y acostado en un pesebre; y termina su vida en la tierra crucificado, en una muerte horrorosa… pero Él es el rostro de la Misericordia. Toda su vida es una entrega de amor que culmina en la Cruz. Su resurrección marca el triunfo de la vida sobre la muerte y abre al hombre el camino de reencuentro con Dios y de reencuentro con el hermano.
 Segundo: confiar en la Misericordia de Dios.
En el diario de Santa Faustina se leen las palabras que ella ha recibido de Jesús: “cuanto más grande es el pecador, tanto más grande es el derecho que tiene a Mi misericordia”.
A veces me ha tocado hablar con personas que no creen que Dios las pueda perdonar por lo que han hecho. Es verdad, a veces han hecho cosas terribles. Pero están profundamente arrepentidas, lloran por sus pecados, quisieran no haberlos cometido, han tratado de repararlos de algún modo… pero siguen sin creer que Dios las pueda perdonar. Tal vez porque les cueste también perdonarse a sí mismas.
El mensaje de Jesús a Santa Faustina invita a confiar en la Misericordia de Dios. Dice un viejo refrán: “De los arrepentidos se sirve Dios”. Y es verdad. El arrepentimiento por el mal que hemos hecho es el primer paso para alcanzar la Misericordia; pero es necesario confiar en que Dios es Misericordioso. Misericordioso no es lo mismo que “manga ancha”, para decir “todo bien, no pasa nada”. La Misericordia de Dios está llamando, está invitando al arrepentimiento sincero, confiando en que es posible recibir su perdón y empezar una vida nueva, como lo han hecho y siguen haciendo tantos creyentes a través de los siglos.
 Tercero: la Misericordia define nuestra actitud ante las demás personas.
La experiencia de encuentro con la Misericordia de Dios, cuando es vivida en verdad y en profundidad, lleva a ser misericordioso con el prójimo.
En realidad esto es vivir en esta clave los dos grandes mandamientos que señala Jesús:
Cuando le preguntan:
"Maestro, ¿cuál es el mandamiento más importante de la ley?"
Jesús responde:
“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con todo tu ser y con toda tu mente” —le respondió Jesús—. Éste es el primero y el más importante de los mandamientos. El segundo se parece a éste: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo.” De estos dos mandamientos dependen toda la ley y los profetas. (Mateo 22,36-39)
Santa Faustina recoge de Jesús la indicación de que ese amor al prójimo se vive en forma concreta, con nuestras palabras, acciones, oraciones, "porque la fe sin obras, por fuerte que sea, es inútil".
A partir del Evangelio y de la práctica de la vida cristiana, la Iglesia ofrece una lista de catorce obras de misericordia.
 
Hace poco el Papa Francisco nos decía:
“La predicación de Jesús nos presenta estas obras de misericordia para que podamos darnos cuenta si vivimos o no como discípulos suyos. Redescubramos las obras de misericordia corporales: dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, vestir al desnudo, acoger al forastero, asistir los enfermos, visitar a los presos, enterrar a los muertos. Y no olvidemos las obras de misericordia espirituales: dar consejo al que lo necesita, enseñar al que no sabe, corregir al que yerra, consolar al triste, perdonar las ofensas, soportar con paciencia las personas molestas, rogar a  Dios por los vivos y por los difuntos.” (Misericordiae Vultus 15)
Quedémonos con esta invitación de Francisco, que es el eco de la que nos hace el mismo Jesús desde el Evangelio: “Sean pues, misericordiosos, como el Padre de ustedes es misericordioso”. (Lucas 6,36).

+ Heriberto
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Enfoques Dominicales
es un programa que se emite por 1340 AM La Voz de Melo, los domingos a las 11:50. La versión escrita que presenta el Blog no es la versión literal de lo emitido, pero sí su contenido esencial.

sábado, 26 de marzo de 2016

En un mundo violento, abrir camino al mensaje de la Misericordia


LOS OBISPOS PREOCUPADOS POR LA VIOLENCIA EN URUGUAY Y EN EL MUNDO
(DECOS-CEU) Al Cardenal y a los obispos uruguayos les preocupa la violencia imperante en el mundo y en nuestra sociedad y lo explicitaron en sus mensajes para la Pascua así como en sus diversas reflexiones efectuadas durante la Semana Santa.

En la Misa Crismalel Arzobispo de Montevideo, Cardenal Daniel Sturla, destacó que “estamos viviendo en una sociedad fragmentada" y que "lamentablemente tenemos muchas muertes violentas en estos días que han sacudido la conciencia de nuestra sociedad” e instó a “pasar de los discursos a acciones eficaces”. Junto al Obispo anglicano, en el Via Crucis Ecuménico, el Cardenal volvió a reiterar su preocupación por los hechos de violencia y llamó a rezar y a fomentar iniciativas que eduquen para la paz. 

Por su parte, el Obispo de Minas, Mons. Jaime Fuentes, plantea en su mensaje para la Pascua que ante la violencia que “pinta de luto la alegría de vivir en nuestro mundo” se hace necesario volver a las preguntas esenciales: “¿De dónde vengo, adónde voy? ¿Qué sentido tiene mi vida? ¿Existe Dios? ¿Hay algo después de la muerte? ¿Qué está bien, qué está mal? ¿Quién es Jesús?…”

El Obispo de Maldonado, Mons. Rodolfo Wirz, en su mensaje para la Pascua también se refiere a la violencia que “se impone en todas las latitudes” y  asegura que solo se puede superar “abriéndonos al Resucitado que en su Amor hace posible una vida humana y digna”.

En su mensaje para la Pascua, el Obispo de Mercedes, Mons. Carlos Collazzi, (Presidente electo de la Conferencia Episcopal del Uruguay) citando la Exhortación Apostólica del Papa Francisco “Evangelli Gaudium” subraya que “vemos injusticias, maldades, indiferencias y crueldades que no ceden”. No obstante, destaca que “también es cierto que en medio de la oscuridad siempre comienza a brotar algo nuevo, que tarde o temprano produce un fruto”(E.G. 276). El Obispo señala la existencia de  descontento crónico, acedia y desilusión en la sociedad y llama a alimentarse de la Eucaristía dominical y a formar comunidades fraternas y solidarias con “los hermanos más carenciados, con fuerte espíritu misionero”.

El Vicepresidente de la Conferencia Episcopal, Mons. Arturo Fajardo (Obispo de San José de Mayo), en su mensaje pascual también contempla el tema de la inseguridad y anima a dar testimonio de Jesús “que es nuestra paz” en medio “de tanta violencia en la familia, en el país y en el mundo”.

Mons. Julio Bonino, Obispo de Tacuarembó, reconoce en su mensaje para la Pascua que “enfrentamos muchos motivos que pueden llevar al debilitamiento de nuestra fe y vemos que muchos dejan de creer: las diversas situaciones de violencia, los conflictos de  diversos niveles, las guerras, los desplazados de sus hogares, el sufrimiento de los niños inocentes, las divisiones de la familia y las contradicciones que existen en nosotros mismos. Nuestra misma Iglesia con el desvío de la conducta de quienes la integramos, los escándalos y el alejamiento de la vivencia del evangelio”. Ante esto, el Obispo invita a reconocer “con humildad” la necesidad de que Jesús Resucitado “se haga presente en medio de nuestras circunstancias en el encuentro personal y comunitario con Él, para ser confirmados en nuestra fe y así reemprender con esperanza el camino de su seguimiento”.

LA OTRA MEJILLA DE LA VIOLENCIA: EL PERDON

En la Misa celebrada en Río Branco a pedido de la Embajada de El Salvador, en la víspera de la conmemoración de los 36 años de la muerte de Mons. Oscar Arnulfo Romero, el Obispo de Melo, Mons. Heriberto Bodeant,  subrayó que “en el Uruguay de hoy …necesitamos creer en el hombre” y en “que las personas pueden cambiar”. El Obispo instó a “creer que aquellos que no ven en otro hombre a su hermano, aún pueden abrir los ojos” y en que  “aún aquellos que han hecho sufrir a otros, pueden despertar, darse cuenta, arrepentirse y encontrar en Jesús un camino de sanación”.

También el Obispo de Salto, Mons. Pablo Galimberti, invita en su mensaje pascual a perdonar, al tiempo que exhorta a ayudar “al que tenés cerca”. “Contagiemos optimismo al que está cerca o camina triste. Ayudemos a devolver una sonrisa al que se encerró en sus viejos rencores”, animó el Pastor.. Jesús “sopla vientos nuevos para devolver paz al corazón herido o amargado. A mi familia o vecino. Donde estudio, trabajo o descanso”, asegura el Obispo.

¿FELICIDAD SIN DIOS?

En su mensaje para la Pascua, el Obispo de Canelones, Mons. Alberto Sanguinetti, destaca que “estamos viviendo en una humanidad que quiere organizarse como si Dios no existiese, como si Cristo no hubiera muerto en la cruz… en una cultura cerrada a la gracia del Resucitado, queremos construir una felicidad alejándonos de la verdad de la creación, del perdón de Dios y sus mandamientos y de la vida nueva de hijos de Dios”.  Enfatiza que pese a la “sinrazón”  y a los intentos de acallarlo, Dios “nos sigue salvando” y “se interesa por nosotros con amor, misericordia y fidelidad”. VIDEO 

miércoles, 23 de marzo de 2016

Homenaje a Mons. Óscar Romero en Río Branco. Homilía de Mons. Heriberto

Mañana, 24 de marzo, se cumplen 36 años de la muerte de Mons. Óscar Arnulfo Romero, arzobispo de San Salvador, asesinado mientras celebraba la Eucaristía en la capilla del hospital de La Divina Providencia en la capital salvadoreña. Una bala dio en el corazón del pastor, en el momento preciso en que se dirigía al altar para presentar las ofrendas del pan y del vino. Es así que lo quedó ante el altar fue la ofrenda de su propia vida.
En enero del año pasado tuve la Gracia de poder rezar ante la tumba de Mons. Romero, en la cripta de la Catedral, y en el lugar de su martirio.
En febrero, el Papa Francisco aprobó el reconocimiento de Mons. Romero como Mártir de la Iglesia. El 23 de mayo se celebró en San Salvador la beatificación. Ese mismo día, aquí, en Río Branco, se agregó “Beato Óscar Romero” al nombre de la capilla “Mártires Latinoamericanos”.
Hoy y mañana recordamos la figura del obispo mártir, motivados de manera especial por un pedido de la embajada de El Salvador, que cada año le rinde homenaje de diferentes formas. Está aquí presente la Sra. Embajadora Idalia Menjívar y otros miembros de la representación diplomática. Agradecemos mucho su presencia que nos acerca más al hermano pueblo salvadoreño y nos ayuda a conocer y comprender más a Mons. Romero.
 
El 14 de marzo de 1977, tres años antes de su muerte, Mons. Romero había presidido en la catedral el funeral del P. Rutilio Grande, asesinado junto con dos campesinos cuando se dirigía al lugar donde iba a celebrar la Misa.
En aquellos días, El Salvador estaba sumergido en un clima de conflictos políticos y sociales con fuerte violencia y represión, preámbulo de la guerra civil que estallaría tres años después. En ese marco, y frente al desgarrador acontecimiento de la muerte del P. Rutilio, Mons. Romero dice en su homilía.
“El amor verdadero es el que trae a Rutilio Grande en su muerte, con dos campesinos de la mano. Así ama la Iglesia; muere con ellos y con ellos se presenta a la trascendencia del cielo. Los ama, y es significativo que mientras el Padre Grande caminaba para su pueblo, a llevar el mensaje de la misa y de la salvación, allí fue donde cayó acribillado. Un sacerdote con sus campesinos, camino a su pueblo para identificarse con ellos, para vivir con ellos, no una inspiración revolucionaria, sino una inspiración de amor (…) Precisamente porque es amor lo que nos inspira (…) queremos decirles, hermanos criminales, que los amamos y que le pedimos a Dios el arrepentimiento para sus corazones, porque la Iglesia no es capaz de odiar, no tiene enemigos. Solamente son enemigos, los que se le quieren declarar; pero ella los ama y muere como Cristo: "Perdónalos, Padre, porque no saben lo que hacen".”
“… quizá por eso Dios escogió [al Padre Rutilio] para este martirio, porque los que le conocimos (…) saben que jamás de sus labios salió un llamado a la violencia, al odio, a la venganza. Murió amando, y sin duda que cuando sintió los primeros impactos que le traían la muerte, pudo decir como Cristo: "Perdónalos, Padre; no saben, no han comprendido mi mensaje de amor".”
Leyendo estas palabras de Monseñor Romero, pienso en todas las veces que sentimos que nos cuesta perdonar el mal que nos han hecho. ¿Cómo puede perdonar alguien que ha sufrido violencia criminal, en carne propia o en un ser querido? ¿Cómo puede perdonar quien ha recibido grandes heridas de personas a las que ha amado mucho, de la propia familia, de los propios amigos… Mons. Romero, siguiendo a Jesús, nos dice que el perdón es posible. Que el perdón no nos hace débiles, sino que nos hace fuertes ¡Qué grande es poder perdonar y sacar de nuestro corazón todo rencor!
Por otra parte, a veces nos cuesta perdonar cosas pequeñas, banales, sobre todo cuando pensamos que el mundo gira alrededor de nosotros y que todos nos deben atención… Nos hace bien mirar la vida de un hombre que sufre viendo a su pueblo enfrentado, desgarrado por el egoísmo, la injusticia y la violencia, dispuesto a dar la vida por la reconciliación de los salvadoreños.
Todos los días Mons. Romero hacía memoria de la muerte y resurrección de Jesús celebrando la Eucaristía. Con San Pablo, podía decir, en cada Eucaristía, “constantemente estamos siendo entregados a la muerte por causa de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo mortal. Así que en nosotros obra la muerte, pero en ustedes, la vida” (2 Co 4,11-12).
 
Bebía permanentemente en la fuente del Evangelio… Cuando yo pensaba cómo hablar de Mons. Romero en este Año de la Misericordia, me dije “él debe haber predicado alguna vez sobre la parábola del hijo pródigo”. Desde luego, así fue. El 16 de marzo de 1980, el penúltimo domingo en que celebró Misa en la catedral, Mons. Romero hizo su homilía sobre lo que él llamó “la parábola de la reconciliación cristiana”.
Después de narrar de nuevo, pero dándole un poco de color, el contenido de la parábola, Mons. Romero decía:
“Cuánta falta nos hace aquí en El Salvador meditar un poquito esta parábola del hijo pródigo. Como parece irreconciliable la denuncia de la izquierda contra la derecha y el odio de la derecha contra la izquierda; y el que está en el medio dice: "La violencia venga de donde viniera, duro con los dos". Y así vivimos en grupos, polarizados, y quizá ni los del mismo grupo, se aman porque no puede haber amor donde se parcializa tanto, hasta odiar al otro.
¡Necesitamos romper estos diques, necesitamos sentir que hay un padre que nos ama a todos y a todos nos está esperando. Necesitamos aprender a rezar el Padre Nuestro y decirle: "Perdónanos, así como nosotros perdonamos".”
“Ya no puede haber reconciliación más que adhiriéndose a Cristo. (…) Cristo no es cualquier cosa, queridos hermanos. Cristo es la presencia de la reconciliación de Dios. Dichoso el hombre que encuentra a Cristo porque ha encontrado al Dios que perdona. Dios en Cristo, vive cerquita de nosotros. Cristo nos ha dado una pauta: "Tuve hambre y me diste de comer". Donde haya un hambriento allí está Cristo muy cerca. "Tuve sed y me diste de beber". Cuando alguien llega a tu casa pidiéndote agua es Cristo si tú miras con fe. En el enfermo que está deseando una visita, Cristo te dice: "estuve enfermo y me viniste a visitar". O en la cárcel. Cuántos se avergüenzan hoy de dar su testimonio a favor del inocente.
(…) Si viéramos que es Cristo el hombre necesitado, el hombre torturado, el hombre prisionero, el asesinado; y en cada figura de hombre, botadas tan indignamente por nuestros caminos, descubriéramos a ese Cristo botado, medalla de oro que recogeríamos con ternura y la besaríamos y no nos avergonzaríamos de él.
Cuánto falta para despertar en los hombres de hoy, sobre todo en aquellos que torturan y matan y que prefieren sus capitales al hombre, de tener en cuenta que de nada sirven todos los millones de la tierra, nada valen por encima del hombre. El hombre es Cristo y en el hombre visto con fe y tratado con fe, miramos a Cristo al Señor.”
Nada vale por encima del hombre. Y para Mons. Romero, vale el empresario y vale el obrero. Vale el campesino sin tierra y explotado y valen las pocas familias dueñas de los grandes cafetales y algodonales. Vale el hombre torturado, el hombre asesinado y tirado a una zanja, y vale también el “hermano criminal” que asesina. 
 
Uno se pregunta cómo es posible. Parece ingenuo, pero no lo es. Nadie puede ser ingenuo cuando una semana sí y otra también está rezando por las víctimas de la violencia. Él mira al hombre desde Cristo, y desde Cristo crucificado, que ha entregado su vida por todos. Él mira al hombre desde la convicción de que la conversión de cada persona y de la sociedad son posibles. No niega la necesidad de la justicia humana, pero nos recuerda que Dios “no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y viva”.
 
En el Uruguay de hoy, que ni de lejos vive el irrespirable clima de El Salvador de aquellos años, necesitamos creer en el hombre. Creer que las personas pueden cambiar. Creer que aún aquellos que han hecho sufrir a otros, pueden despertar, darse cuenta, arrepentirse y encontrar en Jesús un camino de sanación. Creer que aquellos que no ven en otro hombre a su hermano, aún pueden abrir los ojos.
 
En este Año de la Misericordia le pedimos al Señor que el testimonio de Mons. Romero, testimonio sellado con su propia sangre, empiece por mover nuestros propios corazones para que “que el amor venza al odio, la venganza deje paso a la indulgencia, y la discordia se convierta en amor mutuo”  . Así sea.

martes, 22 de marzo de 2016

"Me ha consagrado por la unción". Homilía en la Misa Crismal


“El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha consagrado por la unción. Él me envió a llevar la Buena Noticia a los pobres, a anunciar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, a dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor.”

Acabamos de escuchar estas palabras en el Evangelio. Las pronuncia Jesús, leyendo el libro del Profeta Isaías ante la comunidad reunida en la sinagoga de Nazaret.
Lo que Jesús hace no es una simple lectura, que recuerda lo que en otro tiempo dijo el profeta. Después de haber proclamado la Palabra, Jesús afirma: “Hoy se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír”.

De esta forma, Jesús indica que él ha venido para realizar una misión. Él ha venido para llevar a todo su pueblo, especialmente a los más débiles, a los heridos, a los desconsolados, la alegría del Evangelio.

“Hoy se ha cumplido” dice Jesús, y se sigue cumpliendo. Jesús nos espera hoy. Más aún, hoy sale a nuestro encuentro. Por eso el Papa Francisco, en su carta Evangelii Gaudium, nos invita, de esta manera, “a cada cristiano, en cualquier lugar y situación en que se encuentre, a renovar ahora mismo su encuentro personal con Jesucristo o, al menos, a tomar la decisión de dejarse encontrar por Él” (EG 3).

Y sigue diciéndonos Francisco: “¡Nos hace tanto bien volver a Él cuando nos hemos perdido! Insisto una vez más: Dios no se cansa nunca de perdonar; somos nosotros los que nos cansamos de acudir a su misericordia. Aquel que nos invitó a perdonar «setenta veces siete» (Mt 18,22) nos da ejemplo: Él perdona setenta veces siete. Nos vuelve a cargar sobre sus hombros una y otra vez” (EG 3).

Si todo momento es bueno y toda ocasión es propicia para renovar nuestro encuentro con Jesucristo o de ir al encuentro con Él, cuanto más esta Semana Santa y este Año de la Misericordia.

A partir del encuentro con Jesucristo, quienes lo hemos encontrado, somos enviados a compartir el don de la misericordia y el perdón de Dios, a compartir la alegría que provoca en nosotros el encuentro con el Señor.

Este encuentro con Jesucristo es posible hoy de muchas formas, pero de un modo privilegiado en los Sacramentos. Cada uno de los Sacramentos nos da la posibilidad de un encuentro personal con Jesucristo. Este encuentro no es solamente para nuestro beneficio y consuelo, sino para enviarnos en misión.

El Santo Crisma, aceite preparado con bálsamo, que va a ser consagrado en esta Misa, se utiliza en tres sacramentos. Tres sacramentos que, de un modo particular, preparan al cristiano para la misión.

El primero de ellos es el Bautismo. Cuando recibimos el agua bautismal nos unimos a la muerte y resurrección de Cristo, es decir, al misterio pascual, centro de nuestra fe, que celebramos en esta Semana Santa. Por el Bautismo todos los fieles estamos llamados a ser discípulos misioneros de Jesucristo (Documento de Aparecida 10). Inmediatamente después de recibir el agua del Bautismo, somos ungidos en la frente con el Santo Crisma, para que incorporados al Pueblo de Dios y permaneciendo unidos a Cristo, Sacerdote, Profeta y Rey, tengamos en nosotros la semilla de la vida eterna (cf. Ritual del Bautismo). En la Vigilia Pascual renovaremos nuestras promesas bautismales, que expresan nuestro compromiso con Jesucristo.

El segundo sacramento en el que se emplea el Santo Crisma es la Confirmación. Aquí el óleo es muy importante: es la materia propia del sacramento. Nuestros hermanos brasileños llaman a la Confirmación “a crisma”, precisamente aludiendo a la unción con aceite por la que el cristiano recibe el don del Espíritu Santo. Ese don perfecciona el carácter bautismal, fortalece la pertenencia a la iglesia y hace avanzar en la madurez apostólica (DA 175). En suma, por la Confirmación estamos llamados a profundizar nuestra identidad de discípulos misioneros de Jesucristo.

Finalmente, el Santo Crisma se emplea también en el Sacramento del Orden. En la ordenación del presbítero, se ungen sus manos, que estarán al servicio de los sacramentos. En la ordenación del obispo, se unge su cabeza, expresando así que recibe la plenitud del sacerdocio. Nuevamente, la unción está acompañando la entrega de una misión.

Por eso, porque el Santo Crisma se usa también en las ordenaciones, es que en este día los miembros del Clero presentes en nuestra Diócesis, los miembros del Clero que estamos al servicio de todo el Pueblo de Dios que peregrina en Cerro Largo y Treinta y Tres, renovamos públicamente nuestras promesas ministeriales.

Así pues, al consagrar hoy el Santo Crisma y al bendecir el óleo de los catecúmenos y el de la Unción de los Enfermos que se emplearán en toda la Diócesis por todo un año, recordamos que todos los sacramentos -no solamente los que emplean estos óleos- todos los sacramentos son ocasión de encuentro personal con Jesucristo, con su amor, con su misericordia. Muy especialmente el sacramento de la Eucaristía, donde el mismo Jesús alimenta nuestra vida con su Palabra y entregándose como Pan de Vida.

Una vez más, recordemos que esos encuentros sacramentales no son sólo para nuestro bien personal, sino para enviarnos en misión en medio de nuestro pueblo.

Por eso, en esta Misa Crismal, que ha convocado a toda la Diócesis a través de las delegaciones de cada una de las comunidades, se nos envía en misión a nuestras ciudades, nuestros barrios, nuestros pueblos, nuestra campaña, para ser testigos de la Misericordia, testigos de Jesucristo. Así sea.

+ Heriberto, Obispo de Melo

domingo, 20 de marzo de 2016

Semana Santa en la Diócesis de Melo

Momentos a destacar:

Misa Crismal en la Catedral de Melo

Martes 22 de marzo, 18:30 horas.
La Misa Crismal es una celebración realmente única. Se celebra en cada Diócesis Católica del mundo, una vez al año. La preside el Obispo diocesano, acompañado de su clero (presbíteros y diáconos). En ella se bendice el óleo de los catecúmenos y el que se utiliza en la Unción de los Enfermos. Se consagra el Santo Crisma (del que la Misa toma su nombre), aceite que se utiliza en la unción de los bautizados, en el Sacramento de la Confirmación y con el que se ungen las manos del sacerdote que acaba de ser ordenado.
En este Año Santo de la Misericordia, la Misa Crismal es una ocasión especial para pasar por la Puerta Santa que está abierta en la Catedral de Melo.

Homenaje al Beato Óscar Arnulfo Romero en Río Branco

Miércoles 23 y Jueves 24 de marzo
El año pasado, con motivo de la beatificación de Mons. Óscar Romero, arzobispo de San Salvador que fue asesinado el 24 de marzo de 1980, se agregó su nombre a la Capilla "Mártires Latinoamericanos" de la ciudad de Río Branco.
Habiendo tomado conocimiento de esta nominación, la embajada de El Salvador solicitó a la Diócesis realizar su homenaje anual a Mons. Romero en la ciudad de Río Branco. La embajadora del país centroamericano, Idalia Menjívar y otros dos funcionarios de la representación diplomática estuvieron la semana pasada en Río Branco. Reunidos con Mons. Heriberto y el P. Nacho, organizaron la programación que se detalla a continuación.
Miércoles:
- 17 horas, en el templo de la Inmaculada Concepción, Misa en la víspera del aniversario de la muerte de Mons. Romero
- exposición de fotografías aportadas por la Embajada de El Salvador.
Jueves:
- a mediodía, almuerzo comunitario en la Capilla San José Obrero.
- a continuación del almuerzo, documental sobre la vida del Beato Mons. Romero
- 16 horas, en la capilla "Beato Óscar Romero - Mártires Latinoamericanos", Misa del Jueves Santo
- luego de la Misa, merienda y despedida a los visitantes de El Salvador.
En

Via Crucis en la ciudad de Melo

Viernes 25 de marzo, 19 horas, desde la Parroquia Nuestra Señora del Carmen hasta la Catedral de Melo.

Las celebraciones en las que estará presente Mons. Heriberto son las siguientes:

Parroquia Santo Domingo Savio, Melo

Domingo de Ramos. 9:30, bendición de ramos y Misa en el templo parroquial.
Lunes Santo. 18 horas: Misa y confesiones en el templo parroquial.
Jueves Santo. 19 horas: Celebración de la Cena del Señor en el templo parroquial.
Viernes Santo. 17 horas: Celebración de la Muerte del Señor en la capilla Santa Cruz.
Sábado Santo. 20 horas: Solemne Vigilia Pascual en el templo parroquial.
Domingo de Pascua. 10 horas: Misa en el templo parroquial.

Parroquia San José Obrero, Treinta y Tres

Domingo de Pascua, 19:30

jueves, 10 de marzo de 2016

Misioneras de la Caridad, Mártires de la Misericordia


La hermana Anselma de India, la hermana Judit de Kenia y las hermanas Marguerite y Reginette de Ruanda eran Misioneras de la Caridad, la congregación fundada por la Beata Madre Teresa de Calcuta.

Las cuatro religiosas fueron asesinadas junto a otras doce personas el pasado viernes 4 de marzo en su convento en Adén, República de Yemen, en el sur de la península de Arabia. Se salvó de la matanza la hermana Sally, superiora de la comunidad. Los asesinos fueron un comando de hombres armados que irrumpieron en la casa matando a quienes iban encontrando en su camino.
Un sacerdote salesiano indio, el P. Tom Uzhunnalil, que vivía en otra parte de la casa, está desaparecido, aparentemente secuestrado. Las otras personas asesinadas eran colaboradores de la comunidad y varios ancianos y discapacitados que recibían allí asistencia.

Menos conocida y difundida que la situación de Siria y de otros países del Cercano Oriente, la realidad que vive Yemen es la de una guerra civil que se inicia en 2011, a partir de una rebelión contra el régimen de Ali Abdullah Saleh. La rebelión debilitó al país y permitió la entrada de Al-Qaeda, especialmente en el sur, donde se encuentra Adén.

En la Iglesia Católica Yemen forma parte del Vicariato Apostólico del Sur de Arabia (Emiratos Árabes Unidos, Omán y Yemén). El Vicario es el Obispo Paul Hinder OFM cap. Mons. Hinder recordó que, hace un año atrás, él habló con las hermanas sobre los riesgos que corrían, pero ellas no quisieron dejar el país para estar cerca de los que les habían sido encomendados.
El Obispo declaró que la población local “amaba a las hermanas de la Madre Teresa asesinadas en Aden, admiraban su forma de servir a los demás sin mirar la pertenencia religiosa, sino solo a la decisión de preferir a los más necesitados. Esto despertaba la simpatía y el afecto entre las personas. Y tal vez, esto mismo molestaba a alguien”.

El vocero de la Conferencia Episcopal de Ruanda, Mons. Smaragde Mbonyintege, habló de la muerte de las hermanas en términos de sacrificio: "Ellas han dejado un alto ejemplo de desprendimiento de la propia vida, sirviendo en un país tan inseguro. Esa actitud las llevó a permanecer allí por el bien de otros, a pesar de que podrían haberse marchado" y concluyó: "las consideramos mártires y lo son".

Al enterarse de lo sucedido, el Papa Francisco se manifestó profundamente dolorido. El Papa ofrece sus “oraciones por las familias de las víctimas de este acto de violencia insensata y diabólica”. Asimismo, asegura su oración para que esta acción horrenda “despierte las conciencias, guíe a un cambio de los corazones e inspire a todas las partes a deponer las armas y comience un camino de diálogo”. En nombre de Dios, el papa Francisco pide a todos “renunciar a la violencia, renovar el propio compromiso por la gente de Yemen, en particular los más necesitados” que las misioneras de Madre Teresa “han tratado de servir”.

Fuentes:
https://es.zenit.org/articles/yemen-el-afecto-que-las-hermanas-de-madre-teresa-despertaban-molesto/
http://m.asianews.it/index.php?art=36859&l=en

domingo, 28 de febrero de 2016

24 horas para el Señor y Misa Crismal en la Diócesis de Melo


Melo, 29 de febrero de 2016
Queridos Diocesanos:

“El Señor es compasivo y misericordioso”; “es eterna Su misericordia”; así nos hablan los salmos de la Misericordia de Dios. En este Año Jubilar, quiero invitarlos cordialmente a participar de dos actividades en nuestra Diócesis:

“24 horas para el Señor”. Este tiempo que nos pide el Papa Francisco lo viviremos en cada parroquia y en algunas capillas, en la forma en que cada comunidad se organice. Se procurará que las iglesias estén abiertas el mayor tiempo posible para la Adoración del Santísimo y la celebración del Sacramento de la Reconciliación. En nuestra diócesis lo haremos el viernes 11 y sábado 12 de marzo. Cada comunidad informará de la manera más amplia posible su propio programa.

Celebración de la Misa Crismal. Será el Martes Santo, 22 de marzo, a las 18:30 horas, en la Catedral de Melo. En esta Misa suelen participar pequeñas delegaciones de las parroquias. Al no realizarse este año la peregrinación a la Cruz del Cerro Largo, les invito a hacer el esfuerzo para que la presencia de cada comunidad sea mayor. Recordemos que es una ocasión para cruzar por la Puerta Santa lo que, unido a la confesión sacramental, comunión eucarística y oración por las intenciones del Santo Padre, permite obtener las indulgencias del Año Jubilar para sí mismo o para personas difuntas.

Lamentablemente, este año no podremos realizar nuestra tradicional peregrinación penitencial a la Cruz, ya que el V Domingo de Cuaresma coincide con el día en que se desarrollarán las elecciones para el directorio del Banco de Previsión Social.

En octubre, sí, el domingo 9 tendremos nuestra Fiesta Diocesana junto a Nuestra Señora del Pilar, con la presencia del Arzobispo de Montevideo, Cardenal Daniel Sturla sdb.

Deseando que estos días finales del Tiempo de Cuaresma sean para cada uno de ustedes de profunda renovación en la Fe, con la Misericordia de Dios, los bendice de corazón:

+ Heriberto, Obispo de Melo

miércoles, 10 de febrero de 2016

Mensaje del Papa Francisco para la Cuaresma: ''Misericordia quiero y no sacrificio". Las obras de misericordia en el camino Jubilar.


1. María, icono de una Iglesia que evangeliza porque es evangelizada

En la Bula de convocación del Jubileo invité a que ''la Cuaresma de este Año Jubilar sea vivida con mayor intensidad, como momento fuerte para celebrar y experimentar la misericordia de Dios'' . Con la invitación a escuchar la Palabra de Dios y a participar en la iniciativa ''24 horas para el Señor'' quise hacer hincapié en la primacía de la escucha orante de la Palabra, especialmente de la palabra profética. La misericordia de Dios, en efecto, es un anuncio al mundo: pero cada cristiano está llamado a experimentar en primera persona ese anuncio. Por eso, en el tiempo de la Cuaresma enviaré a los Misioneros de la Misericordia, a fin de que sean para todos un signo concreto de la cercanía y del perdón de Dios.

María, después de haber acogido la Buena Noticia que le dirige el arcángel Gabriel, María canta proféticamente en el Magnificat la misericordia con la que Dios la ha elegido. La Virgen de Nazaret, prometida con José, se convierte así en el icono perfecto de la Iglesia que evangeliza, porque fue y sigue siendo evangelizada por obra del Espíritu Santo, que hizo fecundo su vientre virginal. En la tradición profética, en su etimología, la misericordia está estrechamente vinculada, precisamente con las entrañas maternas (rahamim) y con una bondad generosa, fiel y compasiva (hesed) que se tiene en el seno de las relaciones conyugales y parentales.

2. La alianza de Dios con los hombres: una historia de misericordia

El misterio de la misericordia divina se revela a lo largo de la historia de la alianza entre Dios y su pueblo Israel. Dios, en efecto, se muestra siempre rico en misericordia, dispuesto a derramar en su pueblo, en cada circunstancia, una ternura y una compasión visceral, especialmente en los momentos más dramáticos, cuando la infidelidad rompe el vínculo del Pacto y es preciso ratificar la alianza de modo más estable en la justicia y la verdad. Aquí estamos frente a un auténtico drama de amor, en el cual Dios desempña el papel de padre y de marido traicionado, mientras que Israel el de hijo/hija y el de esposa infiel. Son justamente las imágenes familiares ?como en el caso de Oseas? las que expresan hasta qué punto Dios desea unirse a su pueblo.

Este drama de amor alcanza su culmen en el Hijo hecho hombre. En él Dios derrama su ilimitada misericordia hasta tal punto que hace de él la ''Misericordia encarnada'' . En efecto, como hombre, Jesús de Nazaret es hijo de Israel a todos los efectos. Y lo es hasta tal punto que encarna la escucha perfecta de Dios que el Shemà requiere a todo judío, y que todavía hoy es el corazón de la alianza de Dios con Israel: ''Escucha, Israel: El Señor es nuestro Dios, el Señor es uno solo. Amarás, pues, al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas''. El Hijo de Dios es el Esposo que hace cualquier cosa por ganarse el amor de su Esposa, con quien está unido con un amor incondicional, que se hace visible en las nupcias eternas con ella.

Es éste el corazón del kerygma apostólico, en el cual la misericordia divina ocupa un lugar central y fundamental. Es ''la belleza del amor salvífico de Dios manifestado en Jesucristo muerto y resucitado'', el primer anuncio que ''siempre hay que volver a escuchar de diversas maneras y siempre hay que volver a anunciar de una forma o de otra a lo largo de la catequesis'' . La Misericordia entonces ''expresa el comportamiento de Dios hacia el pecador, ofreciéndole una ulterior posibilidad para examinarse, convertirse y creer'' , restableciendo de ese modo la relación con

él. Y, en Jesús crucificado, Dios quiere alcanzar al pecador incluso en su lejanía más extrema, justamente allí donde se perdió y se alejó de Él. Y esto lo hace con la esperanza de poder así, finalmente, enternecer el corazón endurecido de su Esposa.

3. Las obras de misericordia

La misericordia de Dios transforma el corazón del hombre haciéndole experimentar un amor fiel, y lo hace a su vez capaz de misericordia. Es siempre un milagro el que la misericordia divina se irradie en la vida de cada uno de nosotros, impulsándonos a amar al prójimo y animándonos a vivir lo que la tradición de la Iglesia llama las obras de misericordia corporales y espirituales. Ellas nos recuerdan que nuestra fe se traduce en gestos concretos y cotidianos, destinados a ayudar a nuestro prójimo en el cuerpo y en el espíritu, y sobre los que seremos juzgados: nutrirlo, visitarlo, consolarlo y educarlo. Por eso, expresé mi deseo de que ''el pueblo cristiano reflexione durante el Jubileo sobre las obras de misericordia corporales y espirituales. Será un modo para despertar nuestra conciencia, muchas veces aletargada ante el drama de la pobreza, y para entrar todavía más en el corazón del Evangelio, donde los pobres son los privilegiados de la misericordia divina'' . En el pobre, en efecto, la carne de Cristo ''se hace de nuevo visible como cuerpo martirizado, llagado, flagelado, desnutrido, en fuga... para que nosotros lo reconozcamos, lo toquemos y lo asistamos con cuidado''. Misterio inaudito y escandaloso la continuación en la historia del sufrimiento del Cordero Inocente, zarza ardiente de amor gratuito ante el cual, como Moisés, sólo podemos quitarnos las sandalias; más aún cuando el pobre es el hermano o la hermana en Cristo que sufren a causa de su fe.

Ante este amor fuerte como la muerte, el pobre más miserable es quien no acepta reconocerse como tal. Cree que es rico, pero en realidad es el más pobre de los pobres. Esto es así porque es esclavo del pecado, que lo empuja a utilizar la riqueza y el poder no para servir a Dios y a los demás, sino parar sofocar dentro de sí la íntima convicción de que tampoco él es más que un pobre mendigo. Y cuanto mayor es el poder y la riqueza a su disposición, tanto mayor puede llegar a ser este engañoso ofuscamiento. Llega hasta tal punto que ni siquiera ve al pobre Lázaro, que mendiga a la puerta de su casa, y que es figura de Cristo que en los pobres mendiga nuestra conversión. Lázaro es la posibilidad de conversión que Dios nos ofrece y que quizá no vemos. Y este ofuscamiento va acompañado de un soberbio delirio de omnipotencia, en el cual resuena siniestramente el demoníaco ''seréis como Dios'' que es la raíz de todo pecado. Ese delirio también puede asumir formas sociales y políticas, como han mostrado los totalitarismos del siglo XX, y como muestran hoy las ideologías del pensamiento único y de la tecnociencia, que pretenden hacer que Dios sea irrelevante y que el hombre se reduzca a una masa para utilizar. Y actualmente también pueden mostrarlo las estructuras de pecado vinculadas a un modelo falso de desarrollo, basado en la idolatría del dinero, como consecuencia del cual las personas y las sociedades más ricas se vuelven indiferentes al destino de los pobres, a quienes cierran sus puertas, negándose incluso a mirarlos.

La Cuaresma de este Año Jubilar, pues, es para todos un tiempo favorable para salir por fin de nuestra alienación existencial gracias a la escucha de la Palabra y a las obras de misericordia. Mediante las corporales tocamos la carne de Cristo en los hermanos y hermanas que necesitan ser nutridos, vestidos, alojados, visitados, mientras que las espirituales tocan más directamente nuestra condición de pecadores: aconsejar, enseñar, perdonar, amonestar, rezar. Por tanto, nunca hay que separar las obras corporales de las espirituales. Precisamente tocando en el mísero la carne de Jesús crucificado el pecador podrá recibir como don la conciencia de que él mismo es un pobre mendigo. A través de este camino también los ''soberbios'', los ''poderosos'' y los ''ricos'', de los que habla el Magnificat, tienen la posibilidad de darse cuenta de que son inmerecidamente amados por Cristo crucificado, muerto y resucitado por ellos. Sólo en este amor está la respuesta a la sed de felicidad y de amor infinitos que el hombre ?engañándose? cree poder colmar con los ídolos del saber, del poder y del poseer.

Sin embargo, siempre queda el peligro de que, a causa de un cerrarse cada vez más herméticamente a Cristo, que en el pobre sigue llamando a la puerta de su corazón, los soberbios, los ricos y los poderosos acaben por condenarse a sí mismos a caer en el eterno abismo de soledad que es el infierno. He aquí, pues, que resuenan de nuevo para ellos, al igual que para todos nosotros, las lacerantes palabras de Abrahán: ''Tienen a Moisés y los Profetas; que los escuchen''. Esta escucha activa nos preparará del mejor modo posible para celebrar la victoria definitiva sobre el pecado y sobre la muerte del Esposo ya resucitado, que desea purificar a su Esposa prometida, a la espera de su venida.

No perdamos este tiempo de Cuaresma favorable para la conversión. Lo pedimos por la intercesión materna de la Virgen María, que fue la primera que, frente a la grandeza de la misericordia divina que recibió gratuitamente, confesó su propia pequeñez, reconociéndose como la humilde esclava del Señor''.