martes, 9 de octubre de 2012

Noticias de Mons. Roberto desde Roma

Foto tomada por Alejandro en el Salón Dorado de la IMM,
antes de la presentación del libro Levadura, fuego y sal.

Nuestro Obispo emérito, Monseñor Roberto, llamó desde Roma: "el viaje bien... un poco cansadora la espera en Madrid, pero ya estoy en tierra firme. Estoy alojado en la casa de los Legionarios de Cristo, en Via Aurelia. Mañana empiezo a participar en las celebraciones. El lunes viajo a Lamezia-Terme. Muchos saludos, muchos cariños para todos por allá".

El jueves 11, a las 6 de la mañana de Uruguay (10 de la mañana de Roma) Mons. Roberto estará participando en la solemne concelebración presidida por Su Santidad Benedicto XVI con motivo de la apertura del Año de la Fe,

sábado, 6 de octubre de 2012

Se realizó el III Congreso Nacional de la Familia

Afiche del Congreso

"Familia, Patrimonio de Humanidad" fue el tema elegido por la Comisión Nacional de Pastoral de la Familia y de la Vida de la CEU, que preside Mons. Nicolás Cotugno, cuyos secretariaros ejecutivos son los esposos Gabriela López y Víctor Hugo Guerrero. El P. Manuel Pérez SDB es el asesor.
Bajo la lluvia intensa de la mañana de este sábado, los 250 participantes del Congreso fueron llegando desde diferentes puntos del país y de varios lugares de Montevideo al Colegio salesiano Maturana, en Bulevar Artigas y Agraciada, donde se desarrolló el encuentro.
La Diócesis de Melo estuvo presente, con varios matrimonios que acudieron desde Melo, Fraile Muerto, Tupambaé, Santa Clara y Treinta y Tres. Mons. Heriberto participó también durante toda la jornada.

Familias de Treinta y Tres junto a nuestro Obispo

Después de la bienvenida y las acreditaciones, el salón de actos del Colegio acogió cómodamente a los participantes para escuchar las dos conferencias previstas para la mañana: Mons. Jaime Fuentes, Obispo de Minas, sobre el tema "Familia, Patrimonio de Humanidad" y “La educación y la familia” a cargo del Dr. Gianni Gutiérrez y su esposa Andrea Hernández.  Fueron los dos temas planteados por los Obispos en la última carta Pastoral “Nuestra Patria: gratitud y esperanza”.


Mons. Fuentes señaló la providencial coincidencia de las jornadas del "Día del Patrimonio" con el Congreso, realizando a partir de allí varias consideraciones sobre el tema que fueron seguidas con mucha atención por los participantes.


Los esposos Gutiérrez-Hernández, a su vez, fueron compartiendo aspectos de su propia vivencia personal y familiar con principios fundamentales de la educación.


Luego del almuerzo y de un ameno espectáculo musical de la banda Bungee, se realizaron diez talleres sobre; Aborto y secuelas; Prevención y adicciones en la familia; Ancianidad, nietos y adultos en la familia; Familia y dimensión bíblica; Presencia-ausencia del padre, mujer jefa de familia; Sexualidad matrimonial; Familia con familiares encarcelados; Dolor y sufrimiento en la familia; Vocación matrimonial, espiritualidad y compromiso; Problemática rural, movilidad, emigración, asentamientos; Trabajo y desocupación en la familia; Manejo de las crisis en la pareja; La familia, el trabajo y la fiesta.


La jornada concluyó con la Eucaristía presidida por el Arzobispo en la capilla del Colegio.


miércoles, 3 de octubre de 2012

Presentación de "Levadura, fuego y sal. Una historia de la Iglesia en el Uruguay en el testimonio de Mons. Roberto Cáceres" en la 35ª Feria Internacional del Libro, Montevideo


Con el auspicio de Paulinas, en el marco de la Feria Internacional del Libro, y en vísperas de la partida a Roma de Mons. Cáceres para participar en las celebraciones del cincuentenario de la apertura del Concilio Vaticano II y comienzo del Año de la Fe, fue presentado el libro de memorias de Mons. Cáceres, recogido en forma de reportaje por el Dr. Tomás Sansón Corbo. En la presentación participaron la editora, Laura Álvarez Goyoaga, el autor, el Embajador Mario Cayota, Mons. Heriberto y el propio Mons. Roberto.

Mons. Heriberto Bodeant



Dentro de pocos días, el jueves 11, se cumplirán 50 años de la inauguración del Concilio Vaticano II. Fue un gran acontecimiento en la vida de la Iglesia Católica que no sólo determinó importantes cambios en su interior sino que inició una nueva etapa de relacionamiento Iglesia mundo, abriendo caminos de diálogo, colaboración y servicio.
En ese día del año 1962, Mons. Roberto Cáceres, con 41 años de edad y apenas siete meses de haber sido ordenado Obispo para la Diócesis de Melo, comenzaba una aventura que lo marcó profundamente. Él es, hoy, uno de los últimos obispos que participaron de las cuatro sesiones del Vaticano II, que se extendieron hasta diciembre de 1965.
Recordando aquellos años fermentales, Mons. Roberto nos dice: “yo ni me imaginaba lo que iba a ser el Concilio. Llevaba poca experiencia de obispo, mucha experiencia de párroco, de pastoral, pero ese contacto tan fraterno de todos los obispos era conmovedor. Lo sustancial es que el Concilio me ha hecho y me sigue haciendo.”
El Concilio, recordemos, había sido convocado por el Papa Juan XXIII. Elegido como “un Papa de transición”, para suceder a una figura tan descollante como había sido Pío XII, este Obispo de origen campesino sorprendió con su decisión de “abrir la ventana para que entre aire fresco” y convocó a Roma a todos los Obispos del mundo para un aggiornamento, una “puesta al día” de la Iglesia.
Con él se llevó adelante la primera sesión del Concilio. A su muerte, fue el Papa Pablo VI quien dio continuidad y conclusión al empeño, convocando a tres sesiones más.
Mons. Roberto nos asegura que el Concilio lo ha formado como Obispo y lo ha seguido formando, y quienes lean este testimonio recogido por Tomás Sansón podrán constatarlo. Pero hay también una especial sintonía con el Papa que convocó el Concilio, con Juan XXIII, “el Papa bueno”. La carta encíclica Pacem in Terris, “Paz en la Tierra”, publicada en 1963, poco antes de su muerte, es un verdadero testamento espiritual que se dirige no sólo a los católicos sino “a todos los hombres de buena voluntad”. El Papa resalta la alta dignidad de toda persona humana, sus derechos y deberes. Contempla los acontecimientos de aquellos años buscando los “signos de los tiempos” de que habla el Evangelio y discerniendo los valores que hablan de presencia de Dios. Plantea principios para el diálogo y la colaboración aún entre aquellos que no comparten las mismas creencias o principios filosóficos. Pacem in Terris refleja una actitud de apertura al mundo, de interés por la vida humana, de búsqueda del bien común y de los caminos de reencuentro de una humanidad entonces dividida en dos bloques armados bajo la amenaza de una guerra de destrucción total.
Bajando a la pequeña escala de una Diócesis del interior del Uruguay, a través de este libro uno encuentra al “Obispo bueno”, atento no sólo a lo que sucede a los fieles de su Iglesia, sino al bien del conjunto de la sociedad, con la que se relaciona e interactúa. Son muchos los reconocimientos que Mons. Roberto ha recibido y sigue recibiendo como “ciudadano ilustre”, que él acepta con toda sencillez, atribuyéndolos sólo al mérito “de haber durado”. Que ha “durado”, como él dice, está a la vista. Pero en el Evangelio de San Juan hay una palabra de Jesús que lo expresa mejor: “permanecer”. No se trata de durar, sino de “permanecer” en la unión con él, permanecer en su amor. Este libro es una forma de reconocimiento y gratitud por la presencia de Mons. Roberto entre nosotros, en la que siempre ha permanecido en el amor de Jesús y en el amor por su gente.

Dr. Tomás Sansón Corbo



Buenas tardes a todos y gracias por acompañarnos en esta tarde tan especial, tan íntima, donde estamos compartiendo la vida de un personaje entrañable para la Iglesia de Melo y la Iglesia en Uruguay como es Don Roberto Cáceres.

En un momento alguien me preguntó por qué se me había ocurrido hacerle una entrevista a Mons. Roberto y hay dos motivos fundamentales: uno tenía que ver con la permanencia de Mons. Roberto, ya que 34 años al frente de una Diócesis es todo un récord en la historia de la Iglesia uruguaya; en segundo lugar, me interesaba rescatar su testimonio como padre Conciliar como uno de los pocos obispos uruguayos que en 1995 permanecían vivos; hoy es el único. Esa era mi intención en el año 95 cuando llegué a Melo. Le comuniqué a Monseñor mi propósito de hacer la entrevista y me dijo que sí, que encantado… y durante 14 años estuvimos atrás de la entrevista. Se hizo desear bastante por distintos motivos pero finalmente concedió la entrevista y salió el libro.

¿Con qué se va a encontrar el lector de este libro? Con una historia de vida que se transforma en historia de una institución, la historia de un clérigo que fue protagonista de años y etapas cruciales de la historia de la Iglesia en Uruguay. Y si hablamos de una historia de vida, de la Iglesia, también hablamos de un fragmento importante de la historia del Uruguay, de la cultura y la sociedad uruguaya.

El lector en las páginas del libro va a encontrar la situación de la Iglesia en el pre concilio, fundamentalmente del año 21 (cuando nace Monseñor Cáceres) al 62 (en que se inicia el Concilio). Va a ver una Iglesia replegada sobre sí misma, que surge después de un largo proceso de 50 años de secularización, que nace en 1918 con la Constitución que separa de manera tajante las relaciones Iglesia-Estado. El lector va a conocer las estructuras de esa Iglesia a través de la formación de un seminarista y de la vida y acción de un Párroco fundamentalmente en la Cruz de Carrasco. El lector también se va a encontrar con ese acontecimiento tan importante que fue el Concilio Vaticano II y para subrayar su importancia un dato: en toda la historia del cristianismo solamente se realizaron 20 concilios ecuménicos; uno fue el Vaticano II, el último, que tuvo como protagonista a Mons. Roberto.

El lector va a encontrar las tendencias en pugna dentro del Concilio, lo que de manera un tanto esquemática se tilda de “conservadores” y “progresistas”; va a encontrar los alineamientos de los Obispos uruguayos en la interna del Concilio y, posteriormente, la aplicación de las normas conciliares en la Iglesia nacional uruguaya. También va a encontrar una referencia bien interesante de aquel magno acontecimiento que fue la Conferencia de Medellín donde se intentó  “traducir” el Vaticano II en la realidad Latinoamericana. Pero llegan los años cruciales de la década del 70 y 80 y vamos a ver la gestión de un obispo en una diócesis pequeña, del interior, al servicio de su pueblo, protegiendo a sus sacerdotes y a su pueblo en las relaciones tan difíciles con el estado de la época. También se van a encontrar con una hermosísima crónica de la venida de Juan Pablo II al Uruguay y de relatos que no salieron en la prensa como alguna anécdota que provocó que algún jerarca del Vaticano lo rezongara a Mons. Roberto… Todo esto va a encontrar el lector en estas páginas. Se trata de un trabajo realizado en el contexto de lo que metodológicamente llamamos la historia oral, una larga entrevista, pero también hay exhumación de documentos, transcripciones documentales que ilustran de toda esta vida, hay síntesis de carácter histórico que le permiten al lector entender la sociedad en la que Monseñor Cáceres actuó. Una historia riquísima, bien interesante. Tengan en cuenta ustedes que Monseñor Cáceres, por ejemplo, fue monaguillo, nada más ni nada menos, que de Mons. Carlos Parteli. Un joven cura de Florida que tuvo un niño como monaguillo, que era Mons. Carlos Parteli, desde ahí hasta acá piensen en la riqueza enorme del testimonio de esta verdadera joya de la  Iglesia uruguaya que es Don Roberto. Muchas gracias.

Embajador Mario Cayota



A pesar de que llueva, buenas tardes y paz y bien. En ocasiones, al presentar un libro, surge una dificultad para el presentador y es que el libro no tiene mucho para comentar; en este caso, yo tengo la misma dificultad pero totalmente al revés, porque tendría muchísimo para comentar, porque es un libro de gran riqueza por su autor y por quién es su protagonista.
Yo diría, en primer término, que es un libro polifónico. Porque su autor Tomás Sansón Corbo, un calificado historiador y un excelente escritor, recoge la voz –obviamente– de su principal protagonista, nuestro queridísimo Mons. Roberto Cáceres, pero también el testimonio de no pocas personas, sacerdotes y laicos, que han sido sus colaboradores o simplemente lo conocieron y trataron. A estas voces se suma la del propio autor del libro que aporta esclarecedoreas informaciones que ubican al lector en la no siempre conocida histora de la Iglesia católica uruguaya. De este modo, entonces, se logra dibujar un gran friso historiográfico de atrayente colorido y también de amenidad y en esta pintura aparece como figura de gran relieve más allá de que a él por su humildad no le gusta y no quiera reconocerlo, este obispo de Melo, Y aquí, apareció otro mérito del autor del libro, generalmente en el papel escrito es muy difícil trasladar a la pluma, sin apagarlo, el perfil vital del personaje. En el libro de Tomás Sansón se ha conseguido pintar a Mons. Roberto Cáceres tal cual es, con su cordialidad, su campechanía, su alegría, su espontánea frescura casi juvenil (yo le sacaría el casi). Podríamos decir que al leer este libro ustedes van a tener la experiencia de que Don Roberto se les haga presente, que entre en sus vidas, que esté tan vivo como hoy aquí lo tenemos sentado y en frente a ustedes. No es poco mérito, sobre todo tratándose de una persona tan vital como nuestro Monseñor.

Y ya que hablamos de vida ¿qué podemos decir de la vida casi centenaria de Monseñor Cáceres? Imposible un desarrollo exhaustivo de esta tan rica biografía existencial.
Me gustaría resaltar algunos aspectos esenciales de esta larga vida. Estoy convencido -y ustedes van a compartir este convencimiento- que don Roberto es un gran maestro. Pero su magisterio, y perdónenme el avisito comercial, como el de San Francisco de Asís, es a través de su vida. Todos sus libros son de discípulos, sólo dos o tres cositas nada más escribió San Francisco de Asís; sin embargo, qué magisterio, qué lecciones y qué teología hay detrás. Lo mismo a través de la vida de Don Roberto. Don Roberto también ha dicho cosas importantes, adelantándose al Concilio pero, sobre todo, hay que mirarlo en su vida, en sus hechos, como a Jesús.
¿Y su vida qué nos enseña? Yo sólo puedo señalar algunas de las muchas lecciones que nos ofrece.
La primera: su esperanza. Don Roberto no es un profeta de calamidades. Y siguiendo a San Pablo cuando en la Epístola a los Corintios nos dice “examínenlo todo y quédense con lo bueno” también pensemos en los tiempos de San Pablo -no creo que fueran mucho mejores que los de hoy- y Monseñor siempre descubrió lo bueno aún en lo que aparentemente sería más sombrío o podría ser más sombrío, hasta en los informativos. O sea aquello de lo que hablaban los santos padres, las semillas del Verbo esparcidas en el mundo y que de alguna manera nosotros debemos saber descubrir.

Aquí se ha hablado también de aquel Papa Bueno, Juan XXIII, que hablaba justamente de descubrir los “signos de los tiempos”. Entonces, el optimismo de Mons. Cáceres ¿en qué está basado? Estoy convencido de que está basado en la virtud teologal de la esperanza que además es contagiosa, lo mismo que su alegría: “feliz esperanza”, decía San Pablo. Él sabe, como decía San Francisco de Sales, que un santo triste es un triste santo. Entonces: esperanza, alegría, libertad; hasta en los detalles. Según cuenta y espero que se me entienda bien, respetándola mucho y queriéndola mucho, no tuvo ningún ningún problema en dejar de vestirse con sotana. Pero no se crea que Monseñor Cáceres es persona de radicalismos intransigentes. En el libro que comentamos se narran episodios que aluden a distintas posiciones cuando se celebró el Concilio Vaticano II y Monseñor lo hace con gran respeto y consideración hacia todas ellas, aún cuando él no era indiferente a lo que se debatía. Él vive en la esperanza pero también en la caridad y supo y sabe que se debe a todos. Lo mismo puede afirmarse en cuanto a la época difícil dictatorial donde supo estar siempre animado por el espíritu al que aludimos, muy cercano a su pueblo y a sus sacerdotes, aún con aquellos que eran perseguidos y eso sin partidizarse. Su amor a Dios lo ha llevado a amar a su prójimo pero ello de una manera muy concreta, a quien está a su lado, por eso es un hombre de cercanías. Hoy es común hablar de inculturación, Don Roberto desde su cercanía con el prójimo lo logró desde siempre y un instrumento de los que se sirvió para acercarse y evangelizar al otro fue, al igual que San Francisco Solano con su violín, su famoso acordeón.
Podemos decir que en muchos aspectos fue un verdadero precursor del Concilio Vaticano II. Pensemos, para no mencionar, los profundos contenidos teológicos conciliares a los que adhirió e incluso vivió hasta antes del Concilio, a la importancia que el Concilio otorgara a los medios de comunicación.
¡Quién no recuerda el programa radial en la época que no había TV y en el que Mons. Cáceres, por entonces P. Cáceres, hacía el papel de “Padre Vicente”! programa escuchadísimo dirigido por el experto publicista de origen judío convertido al catolicismo, Mario Kaplum, que era conocido como Mario César.

Esperanza, caridad pero también fe, mucha fe, porque es una de las cosas que caracterizan a Monseñor Cáceres. Por vivir esta fe es que Don Roberto pudo evangelizar como lo hizo en su labor como Párroco en la Cruz de Carrasco -no me olvido de Paso Molino- pasando por el Obispado de Melo hasta llegar hasta hoy, en que nos sigue evangelizando y enseñando sobre todo con su vida, siempre con su vida y, obviamente, aquí hay un secreto: se nutre de la oración y del encuentro con el Señor Jesús. Muchas gracias.

Mons. Roberto Cáceres



Quisiera preguntarles si pueden ponerse en mi lugar, después de todas las cosas que he estado escuchando… Lo he hecho con mucha atención para saber cómo debo ser, cómo debo procurar ser y al final de lo que han dicho Mario, nuestro Obispo y el autor del libro, decir “que así sea”, desear que así sea.

Uno recibe todo esto valorando el afecto de la gente, lo buena que es la gente, confirmando una convicción muy honda que tengo de la bondad de la persona humana. Y al mismo tiempo, de buscar el bien en todos los acontecimientos. Se me ha ocurrido y esto es una cosa casi novedosa para mí, quizás no lo sea para Mario y los historiadores, que si los primeros cristianos orientaron sus comunidades hacia occidente, hacia Roma, fue por ver o intuir las raíces del derecho romano, es decir nemo malus , ninguno es malo a no ser que se pruebe. Partir de la base de la bondad, aquí lo que vemos es que estamos henchidos de bondad, de amor (que es negación de muerte). No voy a hablar de la muerte como hablé en otro momento en Melo; creo, porque éste es el tercer encuentro que tenemos a raíz de mis 50 años de durar como Obispo y de los 50 años del Concilio. Hablamos de la muerte porque en la entrevista con nuestro escritor Tomás Sansón en el último capítulo esta historia termina con una señal de suspenso, como San Juan Bautista: no “¿qué será de este niño?” sino qué será de este viejo. Todavía una interrogante.

Se ha dicho cosas tan lindas, que comparto. Otras, no tanto, como en el video, cuando se habla de la dignidad episcopal. No. Hay que subrayar que la única dignidad es ser persona humana. Haber estado desde siempre en la mente de Dios como dice Jeremías “con amor eterno te amé”, y lo de Juan “Dios nos amó primero”. Hay una prioridad. Y aquí nadie, yo tampoco, nos echemos atrás. Todo lo que se ha dicho se podrá aplicar a cada uno de ustedes. Que no se lo digan o no se los tenga en cuenta o se pase como uno de tantos es una cosa; pero a Dios no se le pasa nada, Dios tiene todo medido, calibrado, y tenemos que sentir esta dignidad honda de que estuvimos y estamos desde siempre en la mente de Dios y Dios nos amó primero. Pero tanto nos amó que lo dice también San Juan “Dios amó tanto al mundo que nos envió a su Hijo”.

Los Obispos me invitaron para que les diera el retiro a raíz de mis 50 años de Obispo. Accedí con mucho gusto y ¿qué hice? Fui narrando -lo intenté al menos- las etapas donde Dios me fue abriendo el camino en cada una de ellas. Desde que entro al seminario, grandes educadores: los padres jesuitas que nos dieron todo lo que les habían dado a ellos. No se guardaron nada, Un padre Pesceto, un padre espiritual de excepción; Juan Faustino Sallaberry, que nos tenía con sus legajos inmensos sobre nuestro primer Obispo Jacinto Vera y siguiendo luego los Párrocos que tuve: el P. Limas en Canelones, el P. Oscar Andrade en el Paso del Molino, luego la Parroquia que me tocó en suerte, La Cruz de Carrasco, que fundé -fui el primer Párroco-. El contacto con la gente, espontáneo, no buscado, necesario, porque no tenía casa parroquial y lo que tenía y me ofrecieron y lo acepté con gusto, fue la casa del sereno de la cadena Calcagno y ahí estuve un tiempo. Me dormí, recuerdo el día de Pascua, me vinieron a golpear la puerta, una vergüenza tremenda. Después al no tener casa, a comer en el lugar donde iban todas las personas que no tenían familia, en lo de Agazzi… y eso que pareció inicialmente una carencia, fue un logro providencial inmenso. Estar en contacto tan cercano, tan familiar con todas las personas del barrio, la gente que venía al almacén. Nunca olvido que alguien tuvo unas palabras demasiado fuertes y él le dijo “no digas eso que está el Padre” y salió uno y le dijo “cómo que está el Padre: está mi madre”. Me gustó esa actitud.

Después de once años en la Cruz de Carrasco yo ya sabía que me iban a cambiar, pero no pensaba en el Obispado. Me habían ofrecido volver de Párroco al Paso del Molino, donde había sido teniente cura. No me sentía con fuerza de dejar aquella Parroquia. Cuando me nombraron para Melo pensaron que había dicho que no iba o postergaba lo del Paso del Molino porque ya sabía que iba para Melo y no era así, simplemente que estaba ya muy apegado a aquella gente, no era tanto el tiempo: once años, y una yapita me podrían dar. Y de ahí a Melo.

Y Melo enseguida me trajo el recuerdo del Congreso Eucarístico. Una ciudad que me impactó por el fervor con que en el año 44 celebró el Congreso Eucarístico. Una diócesis que también comprendía la ciudad de Treinta y Tres, muy mariana, entrañablemente fervorosa, y todo eso… Bueno, me despedí y comenzó una nueva etapa en mi vida de cercanía con la gente, no una cercanía forzada, sino normal, porque en realidad la gente se da cuenta cuando uno se hace el bueno. Uno tiene que ser bueno, tiene que transmitirlo, irradiarlo pero no con intencionalidad sino con sustancia interna, con vivencias internas.

Luego del Concilio, casi contemporáneamente, yo solía bromear diciendo que la Acción Católica me había succionado. Fui el asesor durante mi tiempo en Paso del Molino. Hasta había una muy perfecta organización en los cuadros de la Acción Católica. Cuando en el Concilio no se habla de la Acción Católica le digo a Mons. Baccino “qué extraño”, me dijo una frase que me quedó y la absorbí y la aplico: “la acción católica ya cumplió su vida útil”, como diciendo “a otra cosa”).

Del Concilio rescato, sobre todo, cosas muy simples, casi banales. En un borrador de la constitución dogmática sobre la Iglesia, Lumen Gentium, en el primer capítulo, sobre la Iglesia, se da una visión muy genérica; en el segundo se trata de la Jerarquía, el Papa, los Obispos, los sacerdotes; en el tercer capítulo viene el Pueblo de Dios. Entonces se discute invertir el orden: en lugar de ser Jerarquía primero y el pueblo después, primero el Pueblo de Dios y después la Jerarquía, al servicio del Pueblo, como Jesús, quien, al fin y al cabo, se define con su preciosa palabra “He venido a servir y no a ser servido”. Se cambió y desde ese momento, el pueblo, la gente, sea quien sea, cristianos anónimos… ¡Cuánta iniciativa de cuño cristiano! Suelo decir: Jesús no pasó en vano por la historia, nos dejó una huella muy profunda, no la notamos; la tenemos que rescatar. Tenemos que decirle al niño, al joven, al hombre, al adulto: mira que lo que tú has propuesto, has hecho, mira que tu intención es cristiana; a veces se es naturalmente cristiano y al ser naturalmente cristiano se es cristiano.

El otro cambio fue la Gaudium et Spes que es la Constitución Dogmática sobre la presencia de la Iglesia en el mundo: impregnar el mundo, saturarlo de cristianismo, de procedimientos de Jesús; actuar como Jesús hubiera actuado en nuestro lugar. Se pensaba como normalmente nos pasa… primero lo negativo. El borrador empezaba con los problemas, las tribulaciones, las amarguras. Se discute y se decide: vamos a comenzar por la alegría de vivir. Ese canto tan lindo “cantando la alegría de vivir…” Sea como sea, claro es mejor vivir con lo necesario; pero si me falta salud no por eso soy un minusválido, soy persona humana y toda persona humana es imagen de Dios y toda persona humana es hijo de Dios, toda. Nadie viene clandestinamente, nadie se le escapa a Dios, si vivo es porque Dios me amó primero y me sigue amando y me sigue queriendo y quiere mi salvación y la del otro.

Gaudium es la alegría de esperar. La esperanza no se inventa, se lleva. ¿Qué es la fe? es la virtud teologal de esperar que Dios no nos va a escamotear la eternidad, el pensamiento; el alma no muere, lo físico sí vuelve a la tierra, pero ¡cuidado! que creemos en la resurrección de la carne, que ese cuerpo que acompañó el alma, que se sometió a sus dictados de libertad, porque en el alma reside la libertad. Ese cuerpo al que domamos, imponemos nuestro deseo, nuestro pensamiento, nuestra conducta, es imposible que sea el alma que piensa, que ama, que anhela, que se convierte, que es sede  la libertad, el alma no muere.

Y si muere el cuerpo es esperando la resurrección en el Ultimo Día en que todos con Cristo resucitaremos. Por eso San Pablo -primero Oseas en el Antiguo Testamento- dice “muerte, dónde está tu victoria”… y con Cristo morimos, con Cristo resucitaremos, creemos en la resurección de la carne en la victoria de Jesús en todos nosotros. Por eso nos bautizamos.

Gaudium et spes, la alegría de vivir y la esperanza de no morir eternamente, de vivir junto a Dios y todos, por eso nos respetamos y nos queremos en la gran familia del cielo. Comencemos el ensayo de una vida que esperamos que sea gaudium y que sea eterna. Amén


lunes, 1 de octubre de 2012

De Melo a Bagé, con Nuestra Señora Conquistadora






Matías con el Obispo de Bagé, Dom Gilio Felicio.

Un grupo de melenses peregrinó ayer al Santuario de Nuestra Señora Conquistadora, patrona de la Diócesis de Bagé. Matías, uno de los peregrinos, nos ha hecho llegar las fotos que compartimos.

domingo, 30 de septiembre de 2012

De Domingo a Domingo: crónica de ocho intensos días

Domingo 30 a la noche. Hace un rato terminó la Misa en la Parroquia San José Obrero de Treinta y Tres, con la que concluyó "la Fiesta del Reino", que esta comunidad celebra cada año. Mientras reviso las fotos de estos días, voy recordando lo principal de lo que ha sido una intensa semana.

Gruta del P. Pío, Averías (Treinta y Tres)
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Hace ocho días... la mañana del domingo 23 me encontró en Cerro Chato, aprontándome para salir hasta el paraje de Averías, cerca de Valentines, hacia el lado de Treinta y Tres. Allí, en una propiedad privada, el dueño construyó una Gruta con una imagen del Padre Pío. Todos los años, con mucha generosidad, el domingo más cercano al 23 de setiembre (en este año, el mismo 23) abre su casa y se organiza para recibir a numerosos peregrinos. Allí acudimos con el P. Sebastián, párroco de Cerro Chato. Celebramos la Misa, hubo bautismos y hasta un casamiento.
En la noche, a las 19:30, misa en la parroquia Nuestra Señora del Carmen, en Melo, celebrando la clausura del Cursillo de Cristiandad de Mujeres.

El lunes -menos mal- no fue un día particularmente comprometido, aunque sí de preparativos. Esa noche debíamos tener reunión del Oficio Catequístico Diocesano, pero la suspendimos por la amenaza de un temporal que luego no fue tan intenso, aunque no faltó la lluvia.

Reunión de los DECOS diocesanos
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Esa noche viajé a Montevideo, donde tuve el martes una reunión de los DECOS (Departamentos de Comunicación Social) de varias diócesis del Uruguay, organizada por el DECOS de la Conferencia Episcopal. Fue una jornada completa, en la que compartimos, en primer lugar, lo que se está haciendo en cada Diócesis. Luego tuvimos una teleconferencia con Daniel Cabaña, del centro Guadalupe de Argentina, que nos habló sobre la comunicación de la Iglesia en el mundo digital: sitios web, blogs, redes sociales...
Después del almuerzo, escuchamos al P. Guillermo Buzzo, de la Diócesis de Salto, que compartió algunos de los planteos recogidos en un curso que recibió sobre comunicación institucional, especialmente para momentos de crisis. Luego del almuerzo trabajamos en "comunicación y misión continental", y finalizamos con la celebración de la Eucaristía en la capillita de la sede de la CEU.

Reunión del Secretariado de la CEU
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El miércoles fue otro día de jornada en Montevideo. Desde la mañana, en el Centro Pastoral Arquidiocesano, se reunió el Secretariado de la CEU: vicarios pastorales de las diócesis y secretarios ejecutivos de los departamentos y comisiones de la CEU. Esta jornada surgió del interés de los secretarios por conocer lo que se hace en cada uno de los departamentos de la CEU y el de los vicarios por pensar en cómo evaluar las actuales Orientaciones Pastorales de la conferencia episcopal. La reunión fue muy productiva, muy ágil, y quedó hecho un tramo de camino para avanzar en la próxima reunión, que ya será en noviembre, durante la asamblea de la CEU.
La tarde la terminamos reuniéndonos en la CEU los miembros del Consejo Permanente. Hasta allí llegó la TV y alguna llamada de prensa pidiendo el parecer de la Iglesia sobre la ley del aborto aprobada en la noche anterior en diputados. Reafirmamos nuestra defensa de la vida desde el momento mismo de su concepción, y del derecho a la vida como el primordial, que no puede ponerse en el mismo plano que otros derechos.

Misa Colegio Ntra. Sra. de las Mercedes, Río Branco
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El jueves 27 -26 años de mi ordenación sacerdotal y 9 de la episcopal- comencé la jornada con nuestro programa ¡Qué bien se está aquí! por Radio María en Melo. Muchos saludos y temas variados, compartiendo con los oyentes la vida de la Diócesis.
En la tarde, misa en la parroquia de Río Branco, con motivo de la fiesta patronal del Colegio Nuestra Señora de las Mercedes, trasladada desde el día 24.

Capilla San Andrés, Chacras de Melo, Pquia. San José Obrero.
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Viernes 28: en la mañana, misa en el Colegio María Auxiliadora de Melo.
En la tarde, temprano, misa en la Capilla San Andrés, en Chacras de Melo, para bendecir su altar. Presido la celebración acompañado por el P. Michael y el Diácono Mario. Vivimos un momento muy intenso de celebración y de fiesta junto a la comunidad.

Tapa del libro que recoge el testimonio de vida
de Mons. Roberto Cáceres
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En la noche, presentación del libro de Tomás Sansón Corbo, extenso reportaje a Mons. Cáceres: Levadura, fuego y sal. Una historia de la Iglesia en el Uruguay en el testimonio de Mons. Roberto Cáceres. Estuvimos allí Mons. Roberto, el autor, nuestra editora, Laura Álvarez Goyoaga, el Diácono Néstor Silvestre, la Prof. Ethel Dutra. La Directora de Cultura de la IMCL, Susana Escudero, nos dio la bienvenida a la Sala de Actos de la Biblioteca Juana de Ibarbourou. Después de que hablamos todos los integrantes del panel, Mons. Roberto nos emocionó presentándonos el capítulo no escrito, para el cual, como nos manifestó se viene preparando: el final de su vida. ¡Un muy fuerte testimonio de esperanza cristiana!

Fiesta Patronal en la Capilla Santa Teresita, Melo
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La Capilla Santa Teresita, de la Parroquia Jesús Buen Pastor, en Melo, adelantó su fiesta patronal, celebrándola el sábado. Allí estuvimos, junto con Mons. Roberto Cáceres y el P. Manolo.

"Fiesta del Reino" en la Pquia. San José Obrero, Treinta y Tres
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Misa y Bautismo de adultos en San José Obrero, Treinta y Tres
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Y este último domingo de setiembre comenzó también con Mons. Roberto, compartiendo Rueda de Amigos por Radio María, en Melo.
De allí, a Treinta y Tres, para participar en la "Fiesta del Reino" de la parroquia San José Obrero. A las doce, presentando mi charla sobre el Año de la Fe, que vengo haciendo en las diferentes parroquias. Luego, el almuerzo, cantarola, y con la Misa de las 19:30 terminó la jornada. En la Misa escuchamos testimonios de distintos servicios y obras de la parroquia en los cuales se ve crecer el Reino de Dios, y dos jóvenes fueron bautizadas, luego de varios meses de preparación en el Catecumenado de Adultos.
+ Heriberto

sábado, 22 de septiembre de 2012

Bodas de Oro del P. José Sanchis, párroco de Fray Bentos


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Fue el último sacerdote uruguayo ordenado antes del comienzo del Concilio Vaticano II. En el día de hoy se cumplieron 50 años de su ordenación sacerdotal. La mayor parte de esas cinco décadas ha estado al frente de la Parroquia Nuestra Señora del Pilar, en la ciudad de Fray Bentos, en la Diócesis de Salto. Ha seguido no sólo el pulso de la comunidad creyente, sino también el de una ciudad que ha visto cerrar el otrora emblemático frigorífico Anglo, embarcarse en proyectos que muchas veces quedaron en vanos fuegos de artificio y hoy ha recibido una de las mayores -si no la más grande- inversión industrial realizada en el Uruguay, con la planta productora de celulosa. El territorio parroquial alcanza a las poblaciones de San Javier y Nuevo Berlín y también la Colonia Tomás Berreta. Junto a la comunidad parroquial, numerosos sacerdotes se hicieron presentes, así como el Obispo de Salto y el Obispo de Mercedes. Mons. Bodeant, que fue en los comienzos de su ministerio sacerdotal vicario parroquial del P. Sanchis, también llegó desde Melo para celebrar junto al P. José Luis Sanchis estos cincuenta años y los ciento cincuenta de presencia evangelizadora en esta zona del litoral del río Uruguay. Transcribimos a continuación un testimonio del P. Sanchis publicado en el boletín ALGO NUEVO de la Diócesis de Salto.

Me llamaron de “Algo Nuevo”, pidiendo escriba dos palabras sobre los 50 años que llevo de sacerdote.
No puedo decir que no, pero me cuesta decir que si!
Hablar de lo que hice o dejé de hacer es como ponerme de centro y, aún siendo egoísta, eso me cae mal. ¡Me produce cierto escozor! Es algo de lo cual no hablo con gusto.
Sin embargo estoy muy a gusto y feliz de que Dios me permita llegar a este momento.
Pero El me eligió para hablar de él, no para hablar de mi!
Sin embargo es peor decir “no”: es como ponerse de interesante y hacer una niñería.
Entonces, no tengo más remedio que hacerlo.
Pero, sin pensar mucho!, dejando que fluya lo primero que salga! Al fin y al cabo, lo primero que sale es lo más propio de nosotros mismos: lo que está más a flor de piel.
Si me pongo a pensar, no voy a decir lo que soy sino lo que he pensado que debo ser, o, algo que estudié! Y ese ya no soy yo, sino mi mente.
Pido disculpas si lo que diga sea muy pobre, pero no pienso elaborarlo mucho. Será muy pobre, pero será lo más cercano a la realidad!
Antes que nada: lo que interesa no es mi vida sino la vida de las comunidades con quienes compartí. La Catedral primero; Guichón después y, como me dijo Mons. Mendiharat cuando me trasmitió lo decidido por Mons. Viola, “por este año vas a Fray Bentos”. De esto ya hace 44 años y medio. Intenté aplicar los cuatro criterios diocesanos de “Evangelización, Corresponsabilidad, Pobreza y Servicio de la Iglesia, Comunidades Cristianas de Base”, lo que cambió completamente la organización y administración parroquial.
Promoción de la Liturgia diocesana, grupos de reflexión primero que luego se convirtieron en CEBs, Movimiento de Adolescentes, Scouts, formación de catequistas, preocupación por la problemática social y defensa de los más perseguidos, problemática de ser vigilados, calumniados, haciendo causa
común con los perseguidos como Mons. Mendiharat y tantos otros; promoción y formación de los Ministros laicos, fomento de la oración bíblica, etc. Todo esto compartido con compañeros sacerdotes como [Enrique] Pertusatti, Juan Masnou, Vìctor Couto, Beto [Heriberto Bodeant], Luigi [Verzè], etc.
La gente que ha estado en todas esas actividades son las merecedoras de nuestra admiración y gratitud.
Asumir todo eso como mérito personal es como robar lo hecho por otros.
Qué puedo decir de estos cincuenta años? Que el tiempo que me tocó vivir fue invalorablemente precioso.
Cuántos lo hubieran querido vivir y ciertamente lo hubieran vivido mucho mejor que yo! Ordenado inmediatamente antes del Concilio, me tocó vivir su desarrollo y su puesta en práctica.
No entendí en un comienzo todo lo que él nos pedía y aportaba. Viví en el filo de la cuchilla hasta que Dios me empujó hacia el lado de su aceptación total y de jugarme por él.
Soy consciente que aporté poco, pero también soy consciente de que sí intenté hacerlo.
Dar a conocer sus grandes líneas a la comunidad, a los compañeros sacerdotes con quienes intenté ser fiel a él, fue la preocupación …!
Intentamos darlo a conocer creando aquellas estructuras, que él inspiraba, y con las cuales luchamos para renovar.
Ciertamente ese fue el momento más maravilloso de toda mi vida de sacerdote. Toda la vida la viví dentro del ambiente del concilio. Y, luego, de Medellín y Puebla y Santo Domingo y ahora de Aparecida. Todo esto en el clima de la gran asamblea diocesana de 1968 y del primer plan pastoral formalmente elaborado y estructurado en 1985 y de todos los que se fueron haciendo después.
De mí no puedo hablar mucho. Y, de hacerlo, tendría que hacerlo defendiendo que lo que hice era lo que debía hacer, o pidiendo perdón por las macanas realizadas.
En ambos casos no estaría haciendo aquello para lo cual me llamó Dios al ministerio.
Sí puedo decir que hice lo que pude, intenté sobrellevar las adversidades sin dejarme vencer por los fracasos personales o diocesanos.
Metocó sufrir y disfrutar, progresar y retroceder.
Soy un convencido de que no valgo ni un poquito más por haber llegado a los 50 años y que eso ni me agrega ni me quita nada.
Lo vivido está vivido. Lo hice bien o mal, sólo Dios lo sabe.
Lo que sí sé, es que me hace sentir contento.
No quiero recordar las muchas cosas que pasaron en estos años. Son cosas que me tocaron vivir, fruto de mucha gente muy válida, con la que tuve la oportunidad de compartir, de ser servido y servir. Sé que a muchos los he ayudado, también sé que los podría haber ayudado mucho más.
Por eso prefiero no hacer evaluaciones porque no soy quién para juzgar lo bien o mal que viví. Esto lo hace Dios que es en definitiva quien me ha dado todo a través de todos.
Estoy agradecido a los que me quieren y quisieron. Sobre todo a esta Comunidad de Fray Bentos.
Bendito sea Dios!
José Luis Sanchis - Cura Párroco

domingo, 16 de septiembre de 2012

Crónicas de un Oriental desde el Oriente cubano (9)

El Obispo emérito de Melo, Mons. Luis del Castillo, que hace ya dos años se encuentra de misión en una comunidad jesuita de Santiago de Cuba, ha retomado sus crónicas en las que comparte algunas noticias de su vida y misión en Cuba.
 
Cambios en la comunidad
El padre Jorge Machín, el jesuita cubano, pasó a integrar una comunidad nueva en la Diócesis de Matanzas. Animará un Centro de Espiritualidad en la localidad de Colón.
Regresó el catalán Joan Rovira y se incorpora el dominicano Francisco Escolástico. 

Un nuevo servicio pastoral
Al redistribuir los ministerios me corresponde ahora animar las comunidades semi rurales de El Cristo y San Vicente.
El templo del Valle de San Vicente, construido en 1908, es una joyita enteramente de madera que figura con foto en la enciclopedia Tesoro de la Juventud. A un costado, un terreno baldío a modo de plaza, congrega a la muchachada para escuchar reguetón,  tomar ron y cerveza. Pero el sábado a las cuatro de la tarde para la música por respeto a la primera campanada que convoca para la misa. Terminado el canto final reanudan los parlantes con música grabada a todo volumen.
Hace poco variamos la programación sabatina con música religiosa en vivo que ofreció el coro de estudiantes extranjeros de nuestra parroquia de Vista Alegre. La vitalidad de los jóvenes mayoritariamente haitianos y africanos impactó al vecindario. Fueron despedidos a los gritos de “¡vuelvan!”

Clases de Filosofía
Después de cincuenta años me reencuentro con Descartes, Kant y Hegel. En Santiago funciona un Seminario regional que dirigen los Operarios Diocesanos. Por acuerdo con una universidad de la República Dominicana los seminaristas pueden obtener la Licenciatura en Filosofía. Para la Teología van al Seminario de La Habana. Los jesuitas completamos la nómina de profesores licenciados. Este próximo semestre tendré que volver a estudiar la Historia de la Filosofía Moderna.

Apoyando los cambios en la economía
Los cursos para pequeños empresarios por cuenta propia ya preparan la tercera edición en nuestra parroquia. También a fin de mes comienza un curso de especialización en creación y dirección de empresas, ofrecido conjuntamente por profesores españoles de la Universidad Católica de Murcia y cubanos del Instituto Pérez Serantes de la Arquidiócesis de Santiago. Se ofrece a candidatos que tengan título universitario.
Para la Fiesta del Caribe, evento anual santiaguero, vino una delegación de 17 uruguayos, casi todos de Las Piedras. Cantaron tango, bailaron candombe, pintaron un mural alusivo que adorna un mercado céntrico, explicaron la religiosidad afrouruguaya y proyectaron un futuro intercambio cultural, futbolístico, granjero y enológico entre Canelones y Santiago.

viernes, 14 de septiembre de 2012

Los ochenta años de la Parroquia Nuestra Señora del Carmen, Melo


Mons. Cáceres presidió la Eucaristía con motivo de estos 80 años.


La Parroquia Nuestra Señora del Carmen fue erigida el 14 de setiembre de 1932 por Mons. Miguel Paternain, tercer Obispo de Melo. Recordemos que cuando decimos "parroquia", no nos estamos refiriendo al edificio, que es el templo o iglesia parroquial, sino a la comunidad de fieles que habita dentro de un territorio. La actual iglesia parroquial del Carmen fue primero una capilla, dependiente de la Parroquia Nuestra Señora del Pilar y San Rafael, cuyo templo es la Catedral de Melo.

Fue, precisamente, durante los festejos de la inauguración de la nave principal de la iglesia del Pilar y San Rafael, el 25 de mayo de 1876, que se realizó una procesión para colocar la piedra fundamental de la futura capilla de Nuestra Señora del Carmen. La misma está colocada a la izquierda de la entrada al templo, bajo uno de los ángulos sobre los que se apoya su torre.

Por ese entonces, Melo había aumentado su población y contaba con una única iglesia, la actual Catedral. Un vecino católico, Don Manuel Sóñora concibió el proyecto de construir y sostener a sus expensas una capilla en homenaje a su esposa, Carmen López. Un solar ubicado frente a la plaza nueva llamada "Oribe", hoy Plaza Independencia, había sido destinado desde hacía tiempo para la construcción de un nuevo templo. Allí fue colocada la piedra fundamental y doce años después, el 4 de mayo de 1888, el obispo de Montevideo (cuya diócesis abarcaba todo el Uruguay) Mons. Inocencio María Yéregui consagró la nueva capilla. Ese día fue llevada en procesión y entonizada la imagen de su patrona, Nuestra Señora del Carmen, traída de Italia.

Las campanas y el reloj de la Iglesia fueron donados por el Sr. Esteban Murga, traídos desde su pueblo natal de Victoria, en las Islas Canarias. Fueron colocados en 1890.

Un antiguo crucifijo fue donado en 1973 por la familia de Don Juan D. Silva.

Los valores arquitectónicos del templo le valieron la declaración de monumento histórico nacional en 1977.

En 1988 el templo celebró su centenario, coincidiendo con la visita de Su Santidad Juan Pablo II a Melo, quien, a su paso, bendijo a la iglesia y al pueblo reunido frente a ella.

En 1998 se hizo el altar fijo y el ambón en granito y se restauraron las imágenes ya existentes. Al año siguiente se reconstruyó el techo de tejas y se hizo un nuevo cielo raso de madera, manteniendo la estructura del antiguo.

martes, 11 de septiembre de 2012

Reunión del Clero de Melo en Treinta y Tres



En el día de hoy se reunió el Clero de la Diócesis de Melo: diáconos permanentes, presbíteros, obispo emérito y obispo diocesano participaron del encuentro que se llevó a cabo en la Parroquia El Salvador en la capital olimareña.
Luego de un tiempo de meditación y oración a partir de Presbyterorum Ordinis 13, texto del Concilio Vaticano II que habla sobre la función de santificar y la santificación de los presbíteros, los participantes escucharon al P. Daniel Martínez, licenciado en Sagrada Escritura, de la Arquidiócesis de Montevideo, que expuso los temas fundamentales de la Constitución Dei Verbum.
Luego del almuerzo se retomó la reunión considerando diversos temas pastorales: la fiesta diocesana a celebrar el domingo 21 de octubre en la ciudad de Melo; la evaluación de la Jornada Nacional de la Juventud y de la participación de algunos fieles en peregrinaciones a Salta; la peregrinación nacional a la Virgen de los Treinta y Tres en el comienzo del Año de la Fe; el encuentro anual del clero diocesano en Montevideo el 13 de noviembre y las próximas elecciones de autoridades del Círculo Católico de Obreros.

viernes, 7 de septiembre de 2012

Recuerdo de Mons. Daniel Gil, a cuatro años de su Pascua

Celebrando Misa en la Parroquia Sagrado Corazón de Jesús, Montevideo

Días de descanso en los lagos del sur de Argentina y Chile
En Roma, con el Hermano Villa
En días de lo que el llamaba "consolación romana"
Betel nos comparte estas fotos de Mons. Daniel Gil SJ, obispo emérito de Salto, fallecido el 7 de setiembre de 2008, a cuatro años de su Pascua.